martes, 6 de enero de 2009

Carlos Eduardo Quenaya: Arequipa - Perú. Elogio de otra vana invención

Poco se escuchó de la movida literaria de Arequipa en los 90. Fue recientemente en los 2000 (o quizás pocos años antes) que empezaron a aparecer nombres y publicaciones destacables, un intento persistente por llenar ese espacio silencioso en el que se había convertido La Ciudad Blanca.

En ese contexto se vio aparecer a novísimos poetas que insisten hoy en demostrarnos, con un trabajo resonante y con gran energía creativa, que no será transitorio su paso por la escena literaria nacional.

Entre algunos de estos poetas debo mencionar a Juan Zamudio, Álvaro Fisher, José Luis Córdova, Filonilo Catalina y Carlos Eduardo Quenaya. Justamente a este último es a quien presentaré a continuación, no sólo como un activo bloggero promotor y difusor cultural, sino como el poeta que ha asumido el proyecto personal de su Poesía con una visión equilibrada de su rico mundo interior.


Carlos Eduardo Quenaya (Arequipa – Perú, 1984). Culmina sus estudios de Filosofía en la Universidad de San Agustín de Arequipa. Fue miembro editor de la revista Lego y Segundo Premio de la Bienal de Poesía de la UNMSM (2005). Elogio de otra vana invención (Lima, Lustra Editores) es el poemario que presentó en julio del año pasado y en el cual deja entrever su posibilidad reflexiva y honda.

Dirige junto a José Luis Córdova (también editor) la bitácora de Arte y Cultura La Torre de las Paradojas, desde donde ha lanzado hasta el momento 107 dardos con precisión y celebrada lucidez.

He aquí los poemas de Quenaya.

Esto que rueda sobre el papel
es el burdo testimonio de mí mismo
el artificio herido
de la imagen que nace de la lluvia.
La escritura es un río
de humo que asciende
un instante atrapado por la voz,
ese abismo
donde sólo es posible extinguirse.

[el abismo]

Luz profusa, envuelve esta marcha
en solitarias arenas errantes
en vibrantes labios
que besen la tierra.

Hoy lo que tocas se aleja
invulnerable a tu tacto, el tiempo
se comba
y hay algo del mar en su constancia.

Luz profusa, cuerpo de niebla
viaja a mis límites hasta encontrar tus labios.
[oración]

Alguien llama a la insegura piel del poema
toca la lisa supuración de estas alas
cabalga hacia mí
¿Quién es él?
¿Quién es aquél que avanza
impávido en la bruma
ese otro que cabalga y no soy yo
sobre un río que instaura la noche?
Desconozco al que viene y dice esto
Falaz centinela del espejo
caviloso pasajero que viaja
a la insegura piel
al temeroso poema que calla y crece en la sombra.
[llamada profunda]

Sólo
una
idea
para pensar
solo
la hediondez
de
mis pasos
y la embriaguez
de
tus alas
plegadas
como estrellas.
[el refugio]

Lo que digo no está en los labios
no en el papel
Lo que digo no es lo que callo
o lo que creen que callo
Lo que digo no es necesario
Lo que digo, eso que digo,
qué?
[el conjuro]

Un movimiento que sea solamente eso
solamente
un subsistir de astro
solamente un silencio
de viejo árbol derribado
el misterioso grito de tus alas inmóviles.

Un movimiento donde el tiempo
no sea la medida ni el cambio
y mi voz no te persiga inútilmente.
[panta rei]

Todo lo que escribo es mentira
esta mano,
su impostergable designio
me acecha.

La soledad yace aquí bajo mi mano
vuelve ajena la vacilación del espejo.

Todo lo que escribo es mentira,
cada paso
cada pensamiento borroneado por el lenguaje
alimenta este oscuro deseo.
Y esta hostil paradoja es la que explica mi ser.

Todo lo que escribo es mentira
Todo lo que quiero para mí
es una página donde descansar mi cabeza.

Todo lo que escribo es mentira que me inventa.
[ars poética]

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