Mostrando entradas con la etiqueta ARTÍCULOS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ARTÍCULOS. Mostrar todas las entradas

lunes, 21 de noviembre de 2011

“La cursilería perfecta de Benedetti” – Por: César Boyd Brenis – Diario “LA INDUSTRIA” (13/09/11)


EN GENERAL, a los poetas siempre los han relacionado con el amor. Es una correspondencia tan arraigada que hasta pudiera pensar que, ciertamente, el primer escrito de cualquier poeta del mundo siempre ha sido de ese tema. Pero valgan verdades, del amor al acto cursi hay sólo un paso.

De ello hay muchos ejemplos histriónicos. Sólo basta con recordar aquel comercial de una conocida marca de bebidas gaseosas cuya frase era: “las cosas como son”, para entender esto. Ahí se revelaba las comunes muestras de cursilería que el ser humano puede llegar a hacer. Sin duda, el amor hace respirar locuras.

En la poesía latinoamericana, amor y Benedetti son casi sinónimos. Y no han sido pocos los que han tildado al poeta
Mario Orlando Hardy Hamlet Brenno Benedetti Farrugia de ser cursi. Este uruguayo, nacido el 14 de setiembre de 1920, ha proclamado al amor como la materia prima más perfecta para poetizar.

El amor, como refería él, es un elemento tan relacionado con lo cursi que es difícil desligarlo. Tanto es así que si se le separa, las palabras sonarían con esa frialdad polar que ningún verdadero poema de amor podría tener. Sin embargo, Benedetti aparta muy bien la cursilería de adolescentes con la forma estética de apropiarse del sentimiento más humano que tenemos. Eso lo hace único.

Él aplicaba una fórmula encendida en cada frase que pareciera quemar la letra. Así tenemos: “Es una lástima que no estés conmigo / cuando miro el reloj y son las cinco / y soy una manija que calcula intereses / o dos manos que saltan sobre cuarenta teclas”.

En las dos primeras líneas, pareciera increpar a la cotidianidad, a la soledad y al tiempo de espera, asuntos que podrían resultar “cursis”. Pero aquí lo cotidiano de mirar la hora, junto al lamento por la ausencia, se abre espacio en esas dos metáforas perfectas que le siguen y que le imprimen el más profundo impulso poético. Eso mismo se puede apreciar en los siguientes versos: “Puedes querer el alba / cuando ames. / Puedes / venir a reclamarte como eras. / He conservado intacto tu paisaje. / Lo dejaré en tus manos / cuando éstas lleguen, como siempre, / anunciándote”.

Por otro lado,
solamente a Benedetti se le hubiese ocurrido colocar al nombre de un poemario “Te quiero” (1956) y no sonar cursi. Su legión de libros de distintos géneros (cuento, drama, novela, poesía, ensayo y hasta discografía) tienen el sabor especial de un sabio amoroso, de un personaje cuya sonrisa prístina de la mañana sólo es de amor.

Mario Benedetti murió, anciano y feliz, el 17 de mayo de 2009. Y qué mejor que un verso para sentenciar su presencia perenne:
“No existe un puente para cruzar el cielo”. Pero él lo cruzó y ya es un hecho, pues la música de su voz se queda en el cielo y, la de sus libros, en cada uno de nosotros.

sábado, 5 de junio de 2010

Poemas de PARA OÍR EL SOLFEO EXIGUO DE MI CUERPO de Matilde Granados Requejo. Palabras liminares de Roxana Crisólogo

PALABRAS LIMINARES
Uno de los aportes más importantes de la poesía escrita por mujeres en el Perú es la desacralización del imaginario poético. La idea de que existen temas que no pueden ser abordados desde la poesía tiene sus raíces más profundas en la aceptación de una estructura patriarcal de la sociedad que relega, a la esfera de lo privado y al silencio de las cuatro paredes, aquellos temas que suponen no se puede ni debe ventilar en un espacio público. La tendencia a trivializar o considerar de arte menor la poesía que no habla de los grandes temas de la literatura o la que desde perspectivas tan disímiles como el de las mujeres cuando poetizan aspectos inherentes de la vida cotidiana tan comunes y corrientes como el amor, también obedece a la idea de que existe un ámbito público, el de las ideas, donde se construye el discurso oficial poético.

Así, la sexualidad, el amor, el cuerpo, sus cambios y miserias se reservan para el terreno de lo privado. Poetizar sobre ellos, para algunos sectores de la crítica literaria, constituye un atentado al pudor. La irrupción de una promoción notable de poetas como Carmen Ollé, Mariela Dreyfus, Rocío Silva Santistevan, entre otras, significó en la década de los ochenta, a la vez que una ruptura de lo hasta entonces establecido en términos de tradición poética, la visibilización de temas históricamente ausentes en la poesía peruana. Una tradición orgullosa de un mal consabido recato y seriedad como si se tratase de ingredientes indispensables para hacer buena poesía.

Dentro de esta rica tradición, la cual indudablemente no puede verse fuera del contexto de toda la producción poética peruana, se ubica el conjunto Para oír el solfeo exiguo de mi cuerpo de la joven poeta chiclayana Matilde Granados Con versos de corto aliento pero contundentes, sin apelar a artificios lingüísticos ni velados por un preciosismo retórico, Matilde construye la geografía de un cuerpo castigado y asfixiado por la convenciones sociales, la familia, la prisión del amor, la sociedad, el mundo que se presenta como una región prohibida, como si no se fuese parte de él. Contradictoriamente, el solfeo al que hace alusión el título del libro no aparece como un apagado rumor, es sincopado, como una cascada de sugerencias o gritos de denuncia aunque luego ríe. Humor negro para dar cuenta del desencanto generacional en un iniciático siglo XXI que poco o nada ofrece a una joven mujer. Poesía rebelde y joven, juventud que no tiene que ver con la edad cronológica de la autora sino con el espíritu del libro. Juego de astucias y formas irreverentes. Para oír lo que ésta poeta quiere decir hay que despojarse de ideas preconcebidas acerca de la poesía tradicional. Bienvenida sea esta ruptura. La poesía se merece todos los riesgos posibles.

Roxana Crisólogo
Miraflores, enero de 2007.



Poemas de PARA OIR EL SOLFEO EXIGUO DE MI CUERPO

1
Deseo caminar por la ciudad
con los pies descalzos
escribiendo poemas
y en cada paso mío
ir desprendiéndome una a una
de todas mis prendas.
Que solo sea
la propia naturaleza
de mi piel la que me cubra.
Caminar riendo, despreocupada
del tiempo y de toda mi vida,
hasta llegar a un jardín cualquiera
donde pueda estirarme cómodamente
y contemplar el quieto cuerpo de una flor.

2
Aquí no hay espacio
para nada.

Solo para este constante silencio.

3
Letras blancas se han escrito
sobre hojas también blancas.

vano intento sin duda el del poeta.

12
A mis padres


De una melancólica canción
que nadie quería escuchar
dos palabras se unieron
y me procrearon.

14
Un beso
tiene la fuerza
de una tierna
y profunda
canción del mar.

15
No poder empezar
ni terminar de escribir
una triste historia
de amor.

Pero si poder vivirla.

16
Te alejaste como una hoja
se pierde a través del viento.
Desapareciste en el tiempo
como un poema mal escrito.
Caminaste rápidamente
por ese callejón oscuro,
lleno de gentes extrañas,
que no te pude alcanzar.

19
Grito tan fuerte como puedo.
Más allá de lo necesario y permitido
no importando si luego llego a herirme.
Solo quiero gritar.
Gritar muy cerca, en el oído de mamá y papá.
Gritarle al mar porque nunca llegué a nadar.
Gritarle al cielo porque hasta ahora
no nos revela su verdad
y siempre está envuelto en aquella espuma celeste,
entre telas blancas y azules.
Gritarle al tiempo por haberme
acercado a la edad de los dieciocho años.
Gritarle a mis dos únicas muñecas
pues ahora no significan nada.
Gritar, gritar y gritar
para no saber de la muerte,
para no contarle los años ala vida
para estar siempre cerca de la soledad.

Porque no todos gritan,
porque no todos quieren gritar
tan fuerte como yo deseo hacerlo en este instante.

MATILDE GRANADOS REQUEJO. Trujillo,1986, pero radica en Chiclayo casi toda su vida. Su primer encuentro con la literatura fue cuando tenía 14 años, edad en la que se hizo acreedora de un puesto en el Concurso Lundero. El año 2007 publica su primer poemario Para oír el solfeo exiguo de mi cuerpo. Ha participado en diversos eventos literarios entre ellos la 28ª Feria del Libro Ricardo Palma en Lima, Feria del Libro de Tarapoto (2009). I Encuentro de Poesía Feminópolis, Trujillo (2010), I Encuentro Nacional de Grupos Literarios en la PUCP (2010) entre otros eventos. Sus poemas han sido publicados en diversos medios de difusión literaria como la revista Cinosargo.
Actualmente escribe su segundo libro de poemas.

El legado vivencial de un escritor de culto. Por César Boyd Brenis. Publicado el 29 de mayo de 2010. Diario La Industria - Chiclayo

Imagínense la escena. Juan Carlos Onetti ficticiamente enfermo sobre su cama, con un whisky brutal a la mano y un hedor todopoderoso, recibe a un periodista que le había seguido los pasos durante mucho tiempo para entrevistarlo. Este último al sentir el ambiente pestilente se le refleja un gesto de desaprobación en el rostro. Y Onetti, en su ingenio, en su testarudez espontánea, en su afán de excusarse, le afirma: “Disculpe, señor periodista, yo sufro de… ¡literatosis!”. Poco tiempo después el gran escritor uruguayo fallece, sin ningún remedio para su vida intensa de ficción. Un día como hoy del año 1994 la literatura se vistió de luto con su partida.

Un escritor de culto es aquel que es leído por un sector generalmente reducido de personas, las cuales irradian un respeto inconmensurable por la obra en un afán casi idolátrico. Sin embargo, jamás un escritor de esas características ha sido Best-Sellers y no lo será tampoco (felizmente).

Un escritor de culto es aquel con el cual nos gustaría quedarnos siempre, así las modas y las críticas especializadas muestren caminos distintos. Por lo general después de muertos les conceden el valor altamente merecido que no tuvieron en el tiempo justo.
Un escritor de culto es Onetti porque su estilo hermético y su poetizante lenguaje favorecen a las preferencias distinguidas, a gustos muy particulares, para quienes se enraízan las leyendas más sinuosas de su forma de escribir, de su vida diaria, de su conducta autodestructiva.

Uno de los pocos peruanos que conoce a profundidad la obra de Onetti es Mario Vargas Llosa. En su ensayo El viaje a la ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti, redacta en once partes la obra y la vida del escritor uruguayo, e informa de una manera entretenida la potencia existencial de Onetti.

En sus últimos días en Madrid su esposa Dolly lo acompañó presta siempre a servirlo. Con esa enfermedad de la literatosis, Onetti creaba con su propio cuerpo las exageraciones de los personajes, y esta fiel compañera avalaba con ternura las fuentes de su ponderación.

“La vejez ablandó su hosquedad”, dice Vargas Llosa al referirse al mejoramiento de los modales perturbadores que lo habían caracterizado en tiempos pasados. En esa habitación madrileña había descubierto ciertas cortesías que fueron su gran exageración hacia los últimos días de su vida.

Como aquellos escritores que han vivido “poéticamente”, gustaba decir que iba a quitarse la vida en cuanto pudiera, encerrado sin actividad alguna y adherido a una irrealidad de maldito. Pero eran crisis pasajeras, reyertas con la propia existencia en momentos de pesadillas en vigilia. No le gustaba cambiar de sueño, Onetti era fiel a su sensibilidad en cualquier caso y en cualquier tiempo.

Antes que su alma abandone su cuerpo, sobre una cama de hospital, había sujetado un libro en la mano con el amor enfermizo de los bibliófilos. En su última respiración lo apretó fuerte como queriendo hacer que su alma fugitiva salga por la mano y se instale en aquel papel; luego lo soltó con suavidad en un acto de conmiseración. El gran escritor había partido.
Los homenajes a lo largo de Latinoamérica y España son cuantiosos. Desde esta tribuna se le rinde el honor merecido, por contagiar la literatosis a los cuerpos que esperan la totalidad de la Fuerza y el germen de la inspiración.

viernes, 4 de junio de 2010

Signado entre alcohol y poemas una noche de miércoles. Por Robert Jara Vélez

El sentimiento de pertenencia es inherente al ser humano. De ahí que nos alegremos al ser considerados como parte de un colectivo.

Conocí a los cuatro Signos originales (Cromwell Castillo, Ronald Calle, César Boyd, Abad Ascurra), si la memoria no me traiciona, como suele hacerlo, despiadadamente, el mismo año que Signos nació, una noche que coincidimos en cierta lectura poética en el local de la municipalidad de mi pueblo natal, Guadalupe. La química, léase etílica, fue inmediata; tras el recital terminamos en plena plaza de armas, conversando de aquello que nos une y nos apasiona, la literatura, animados por el olor del rito etílico que nos dimos cuenta también nos unía y apasionaba, hasta que el sol se asomó de nuevo por las calles de Guadalupe. Desde entonces hemos seguido en contacto físico, virtual y por supuesto, etílico. Desde entonces nos hemos sentido amigos, nos hemos sentido estar del mismo lado, juntos, pero no revueltos.

A casi cuatro años de ese primer coqueteo coincidí con Cromwell cuando vino a ofrecer una lectura poética en poesía de miércoles, en el Chaska (Trujillo, mayo 2010). Y como no podía ser de otra manera, fieles a nuestro rito etílico, después de su lectura compartimos la mesa, léase el alcohol; a la cual se aunaron César Olivares, David Novoa y todos los poetas del grupo literario Legión de Trujillo. No sé si Cromwell y Legión bebieron hasta que el sol se limpió las legañas por las calles de Trujillo, pero César, por motivos hogareños, David, por motivos alimenticos, y yo, por motivos de esclavitud laboral, abandonamos, aunque a tiempos distintos, la mesa poco después de la media noche. Fue aquella noche en que Cromwell, no sé si a nombre colectivo de Signos o a nombre personal, emocionado (conmocionado, ahogado) por el alcohol me hizo extensiva la invitación para formar parte del grupo literario Signos. Entonces como las reinas de belleza cuando ganan un certamen le respondí emocionado: no me lo esperaba, bla, bla, bla. Aunque me hice el difícil, claro: pucha, pero voy a caer cargoso, ¿por qué?, ya parezco puta, pertenezco a el Sótano 00931, a Namul, al Gremio de Escritores del Perú, a RUNAKAY, no hermano, no te preocupes, me consoló Cromwell, creo, propinándome un par de palmaditas en el hombro izquierdo.

En realidad recién paso a formar parte del grupo literario Signos, aunque desde siempre (hace 4 años) yo he pertenecido a su grupo de amigos, como ellos lo han pertenecido al mío. En ese sentido, hoy, tras la invitación, mi inclusión formal y etílica a la lista de la tribu letrada me parece casi natural.

La inclusión literaria sucedía sin haber pagado una deuda que había contraído gracias a Signos, conmigo mismo: al poco tiempo que salió al aire el primer poemario de Signos me prometí escribir una nota crítica sobre el mismo. Pero, otra vez, por razones de esclavitud moderna, apenas esbocé la nota, y apenas realicé los lineamientos generales. Me arrepiento no haber concluido la nota, y más aún no haberla publicado antes de convertirme, bajo le complicidad de una noche etílica y de miércoles, súbitamente en un signosiano; pues, aquel balance literario positivo que dejaba entrever en mi nota crítica, hoy, sería achacado, por las mentes malévolas como un texto cuyo único fin sería pagar tributo de inclusión tribal. Bajo estas circunstancias, mi nota, no dejaría de ser vista como producto del tribalismo cómodo y trasnochado. Entonces no me queda más que recurrir a cierta creencia personal que trasciende a mi nota y que habla en nombre del balance literario positivo que tengo de Signos: en la literatura, existe una ley de selección natural, inherente; un filtro discriminante, insobornable (a prueba de alcohol): dentro de la esfera literaria sólo llegan a ser mis amigos aquellos que desde mi sistema de ignorancia y/o conocimiento, desde mi sistema de pobreza y/o grandeza literarios los considero mejores que yo, literariamente hablando. En otras palabras, mis amigos literarios, a lo más son tan malos escritores como yo; punto. Y los Signos, desde mucho antes que me incluyeran a su tribu, ya eran mis amigos. No ha de faltar el malvado que diga, por aquello de ultrajarme: con ese triste criterio de medida, medio mundo resulta tu amigo literario. Yo preguntaría: ¿qué escritor, por más malo que sea, según opinión de medio mundo, se considera malo, sin titubear, así mismo? Recuerden que a los poetas les sucede lo que a los bailarines y a los profesores: todo bailarín cree que baila de la pm, todo profesor cree que enseña de la pm, no hay punto medio.

Con estas palabras agradezco mi inclusión tribal a uno de los grupos literarios más consistentes del norte peruano; un grupo de poetas que ha tomado la palabra por las astas para hacerla bramar a su antojo. Sin importar si la inclusión ha sido obra personal y dictadora de Cromwell u obra colectiva y democrática de Signos (ja), no me queda duda que he sido signado, para siempre, entre alcohol y poemas una noche de miércoles.

Robert Jara.
Publicado en http://robertjara.blogspot.com
Trujillo, 02 de junio de 2010.

Lori Berenson y las conductas que aún nos apresan. Por Ricardo Musse Carrasco

A la estadounidense Lori Berenson -con nacionalidad peruana-, la condenaron a veinte años de encarcelamiento, por ser miembro logístico e intelectual del MRTA. Inicialmente, fue sentenciada a cadena perpetua; empero, la Corte Interamericana de Derechos Humanos, a causa de irregularidades conceptuales y procesales, recomendó un nuevo juicio. Hace poco ha sido liberada por haber cumplido tres cuartas partes de su pena. Lo que ha generado su liberación en la conducta de los vecinos de Miraflores, llama poderosamente la atención.

A nuestro entender, dentro de la compleja realidad humana, existen dos tipos de muertes (las dos, igualmente, crueles y que laceran, dejando terribles secuelas, el alma humana): La física y la moral-afectiva.

Los vecinos de Miraflores, no han reaccionado, de la misma manera, y en su debido momento, contra esos funestos políticos (especialmente fujimoristas, y, ahora, corruptos apristas) que institucionalizaron la corruptela, envilecieron la vida nacional, rapiñando las abundantes arcas del Estado, despojando las legítimas aspiraciones de desarrollo de una población, históricamente, decepcionada por elitistas y depredadoras castas dirigentes; dicho con otras palabras: Con aquéllos que mataron –sin ningún tipo de remordimientos- las voluntades nacionales; porque, como dice la psicóloga Carmen González: “La corrupción política es de todos los días, y casi siempre queda impune… Un disparo mata.

La impunidad mata lo mejor de nosotros: nuestra humanidad.” Porque, supongo, que dentro de los vecinos miraflorinos, también encontraremos políticos de semejante calaña. ¿Reaccionarán, de igual modo, cuando salga de la cárcel Vladimiro Montesinos Torres y resuelva él, con su amoral y celebrado descaro de siempre, residir en Miraflores? ¿Por qué no manifiestan análoga indignación, contra esos asesinos de la moral pública, protagonistas de los escandalosos faenones?

Por otro lado, también existen dos tipos de violencia (las dos, igualmente, crueles y que laceran, dejando terribles secuelas, el alma humana): La violencia directa (en sus modalidades: Física y psicológica) y la violencia indirecta (en sus modalidades: Estructural y cultural). Tenemos que aceptar que la sociedad peruana es en sí misma violenta, manifestándose esto en la deliberada exclusión de sectores que no son beneficiados por las actuales opulencias macroeconómicas: Orden de cosas sostenido y avalado por aquéllos que lo han usufructuado, para saciar sus codiciosos caprichos y extravagancias hedonistas; en desmedro de las necesidades primarias de aquéllos otros, invisibilizados ex profesamente.

Pero, finalmente, qué paradoja: Ahora, los vecinos miraflorinos con la intolerancia que están desplegando, aparte de violentar aún más nuestra patria a la que dicen amar flameando, con ridículo patriotismo, esas viriles banderas por las solidarias calles de Miraflores; encarnan, en su conducta, lo que nuestra mendicante patria tiene aún pendiente: La Verdad y la Reconciliación Nacional.

Ricardo Musse Carrasco.
Escritor.
Sullana, 29 de mayo 2 010.

La familia etimológica de Dante. Por César Boyd Brenis. Publicado el 21 de mayo de 2010. Diario La Industria – Chiclayo

Son pocos los que agregan a la lengua palabras cuya raíz etimológica es su propio nombre. Son pocos los que nunca aburren. Son pocos los que forman parte de todos los tiempos porque hasta parecen la propia sombra de los siglos.

Veintiuno – mayo – mil doscientos sesenta y cinco: Fue el día elegido por Dios para el nacimiento de un nombre destinado a ser de la etimología: Dante Alighieri. (Hagamos la precisión del significado de etimología: “origen de las palabras, razón de su existencia, de su significado y de su forma”.)

Este italiano es esa sensación del no transcurrir, del estarse quieto como un clásico indudable. Con él se ha llegado a engrandecer el idioma y a pensar una familia de signos lingüísticos (palabras) pertenecientes a su esencia y contundencia, y cuya utilización en el hablar perdurará hasta el reducto más lejano del tiempo. Para muestra bastan las siguientes categorías gramaticales, cuyos significados me he tomado la libertad de reproducir y/o agregar y/o trasgredir.

1. Dante: sustantivo propio; poeta, escritor, pensador político y filósofo nacido en Florencia, conocido como “il Sommo Poeta” (El poeta supremo).
2. Dantesco: adjetivo; perteneciente o relativo a Dante o a su obra. Ejemplo a la palestra: La guerra interna de los ochenta y la dictadura fujimorista llegan a nuestra memoria como episodios dantescos.
3. Dantear: verbo en infinitivo; acción de hablar sobre Dante o su pensamiento; se conjuga como el verbo fantasear. Ejemplo: En los reclamos y en las batallas, los peruanos danteamos dirigiéndonos al triunfo.
De dicho verbo se pueden extraer el gerundio “danteando”, el participio “danteado” y el adverbio “dantescamente”.

Para el primero, el ejemplo es el siguiente (a modo de alegoría): En la sierra central danteando van los policías hacia los infiernos senderistas. Para el segundo (a modo de esperanza): Se ha danteado suficiente, la realidad del país está girando. Y para el tercero: En el último libro de su vida, César Vallejo describe a España dantescamente.

Existe además el indefinido “dantidad”, que aparte de ser una palabra de una sonoridad notoria, es símbolo exclusivo de la contundencia de este poeta italiano, fiel a su frase: “Sé firme como una torre, cuya cúspide no se doblega jamás al embate de los tiempos”. De esa manera, La Dantidad (así, con mayúsculas) es lo que nos ha dejado en el devenir esa semilla de su Poesía (también con mayúscula) donde los sensibles habitamos.

Pero ¿qué sentido tiene lo dantesco? Gran parte del pensamiento de Dante consta en su monumental obra La Divina Comedia, en donde el personaje recorre infierno, purgatorio y cielo en busca de Beatriz. Dicho pensamiento se puede tomar en dos sentidos casi antagónicos.

El primero, es la odiseaca búsqueda del hombre cuyos sufrimientos se multiplican en el transcurrir de la existencia; hay un sentido de emotividad, de pasión, de irracionalidad.
El segundo, es la victoria total, el internamiento en lo sagrado, la paz perpetua; pues el encuentro con Beatriz (símbolo de fe) es el clímax de su obra, tanto como la cúspide de la vida.

Por lo tanto, “lo dantesco” posee un contenido semántico (significado) que puede ir por dos vías distintas: el dolor pasional y, por el contrario, la posesión celestial. De esa forma, sólo podemos dejar que los contextos del habla diaria pongan su cuota de sentido para entender lo que rodea a Dante y su pensamiento.

Por otro lado, algo seguro es que el Perú es dantesco, pero no se sabe en qué forma ni sentido; no se sabe si es el infierno o el cielo, se desconoce si estamos subiendo al desarrollo o cayendo a la inmoralidad y la inconsciencia. Ya nadie conoce el camino, en contraposición directa a la frase de Dante: “Quien sabe de dolor, lo sabe todo”.

jueves, 3 de junio de 2010

Signos: Antología poética 2006 - 2007. Por el Poeta Ricardo Musse Carrasco

El grupo literario lambayecano Signos eclosionó hace cuatro años. Son cuatro sus miembros fundacionales. La mayoría son coetáneos escriturales, paridos generacionalmente a fines del siglo pasado. He allí su empatía vital y literaria. Han editado dos florilegios que aglomera su evolutiva poética. Advierten, no cabe duda, una apasionada convicción de la potencialidad humanizadora que podría acarrear la literatura.

Acto seguido, volcaré unas cuantas palabras referidas a su primera antología grupal, editada hace tres años que, dicho sea de paso, nos notifica los versos de los vates, tramitados éstos los años 2006 - 2007.

En el corpus de José Antonio Abad Ascurra, se metabolizan pesimistas certidumbres, donde reacciones vitales perturbadas desencadenan oscuros escepticismos, y cuyo determinante catalizador (que acelera el fatalismo del enunciador) es la envilecida ontología de todo lo existente; pues el mundo cansa y duele entre los ojos la certeza.

Para efectivizar esta tarea verbal, el enunciador delinea una voz que advierte y que interpela, a fin de esclarecer la esencia que nos constituye y que –de igual modo- configura la angustiante inercia que moviliza nuestros latidos.

Su tono es reflexivo: Son sus rigurosas abstracciones (y no tanto la intermediación afectiva) las que engendran sus versos; seguramente, por eso, en ellos se trasunta concluyentes sentencias. Aparejados, además, con una mortuoria temática, donde el ser, la muerte se ha codificado en los versos más escatológicos:

“… afrontamos el último ritual
que nos permite la muerte.”

“En la calle la muerte controlaba los semáforos,
invadía las casas
con su nombre abominable.”

Porque “Absuelves el día pagano de los muertos,
el soberbio silencio de sus bocas,
el calendario indescifrable de sus sueños blancos.”

“No hay olvido.
No conoce tu lenguaje otro secreto
que la muerte incorruptible de los cuerpos.”

El discernimiento metapoético también representa un tema omnipresente en la descreída conciencia de José Antonio Abad Ascurra; para él, el poeta –ángel nocturno– es –entre otros insulares e inútiles roles– el que nombra las cosas para vaciarlas de la inercia.

En Ronald Calle Córdova rastreamos ciertas alusiones bíblicas, enmarcadas dentro de situaciones descristianizadas. Esto le da a ciertos versos, cierta pátina meditabunda. En su visión, el hombre tiene un destino de polvo: ¿Ves cómo se edifica el polvo? Tu aliento queda convertido al polvo…, esto es, el hombre se encuentra flanqueado por la decadencia y la oscuridad: Hacia atrás sólo tinieblas:…

Su pluma también cavila acerca del ser poético: Para él, el poeta infunde, dentro del seno de la palabra, novísimas significaciones; aunque, a veces, hasta nuestra voz está harta de vocablos, porque ¡es menos triste mendigar un pan a suplicar una palabra!

Empero, la poética de Ronald Calle Córdova requiere imperiosamente superar sus evidentes falencias: Fallida asociación de imágenes contradictorias, carencia de filigrana en los versos y unas significaciones verbales que no llegan a configurarse plenamente.

Por otro lado, la poesía de César Boyd Brenis, es de una vertiginosa epicidad existencial; requiriendo para su incesante plasmación, de unos versos dilatándose, expandiéndose con sus autárquicos impulsos rítmicos, alargándose con sus sígnicas resonancias; evitando, por todos los medios retóricos, asfixiarse con sus propias vorágines discursivas.

César Boyd Brenis, fulgura sus mejores logros en la prosa poética, donde vuelca toda su parafernalia intuitiva: Abrumándonos, dejándonos perplejos, eclipsándonos, y dejándonos –finalmente– ensimismados. En sus poemas no vierte semejantes resultados. Para muestra, un botón estilístico:

“Nada en la poesía -cada quien con su tortura- y en la poesía sólo hay luz para mentes alejadas de la Tierra, aparte de eso, sólo hay nada: el dolor en la nada es transparente. La nada es menos común que la realidad, es más firme que los mitos y las mentiras, para despejar desde su vertiente los farsantes faros del destino, para señalar el fango que es obra de la realidad, y el fango, unido a todo lo demás, se hace todo lo demás, se hace lo que no debía existir pero existió, se hace la palabra fango fuera del fango. Ahora estoy en la nada que existe, en la nada de la poesía que es como la palabra fango en la eternidad. Y la nada causa todas las preguntas de la muerte, cuando se demuestra su producto en el espejo.”

Los poemas de Cromwell Pierre Castillo Cabrejos, se hacen visibles para mostrar su vigorosa estabilidad, que es causada por el dinamismo de un conjunto de características endógenas.

Las palabras que derrama el poeta, poseen un calor verbal que permite regular rítmicamente sus versos; evitando, diestramente, cambios bruscos que desestabilicen su fluencia discursiva.

Cuando las palabras mutan sus estados anímicos, según cómo se distribuya la masa emocional dentro del volumen textual, se observa que ciertos segmentos versísticos se contraen; y otros, se esparcen; y, algunos, evidencian un poderoso efecto refrigerante. Y esto se debe, también, a que sus palabras disolventes tamizan la intensidad de la interacción entre esas verdades absolutas imbuidas dentro de la oceánica alma humana.

Los fonemas y las grafías que configuran las palabras del encomiable poemario Voces paralelas contra lo seco; por su alto grado de cohesión interna, producen fuertes vínculos entre los versos; lo que explica, sin lugar a dudas, la estructura estable de sus poemas.

“Esta vez
su disposición adquiere la forma de mi lenguaje,
es decir,
su aspecto se hace universal desde mi boca.
De todas sus posibles determinaciones,
aquí, en lo habitable,
sólo se espera su adaptabilidad;
después de esto,
quizá ella deba ser algo que no comprenda.
Pero lo no comprendido
se explica también a partir de mi desorden:
Silenciosa ventaja suya
la de enturbiar mi contenido.
Todo forma y se deforma
magníficamente
a partir de su espacio,
entonces,
de mi voz a lo insondable,
ella
es un poema
transmutando
sus abismos.” (Agua I).

Aprovecho estas últimas líneas, para agradecer a los signosianos por incorporarme a su grupo, junto a Mario Morquencho, Wilfredo Gonzáles, Marco Fonz, Robert Jara, César Olivares y otros más, en esta su nueva etapa (ecuménica, por cierto). No se imaginan lo bien que me han hecho sentir. Toda vez que, aquí en Sullana (y también en Piura, por qué no decirlo) estos mezquinos artistas, ni los de la guardia vieja ni los de la nueva hornada, nunca han valorado realmente mi obra literaria (pues, aún siguen ninguneándola, egoístamente) y, aun peor, traicionaron ignominiosamente mi amistad, apropiándose de mis pertenencias afectivas, escarneciéndose de las tragedias familiares por las que atravesé, avalando –cobardemente– fornicantes latrocinios; es por eso que, ahora, (aunque siempre lo he propugnado) exijo, al artista íntegro, una profunda ética que se confraternice con uno de los valores más sublimes de nuestra aún sobreviviente humanidad: La Lealtad.

Ricardo Musse Carrasco.
Poeta.
Sullana, 29 de mayo 2 010.

sábado, 29 de mayo de 2010

El giro reivindicativo de Cela. Por César Boyd Brenis. Publicado el 11 de mayo de 2010. Diario La Industria - Chiclayo

Lejos de la mala reputación de los gallegos, lejos de la injusta y macabra adjetivación a sus capacidades mentales, muy entre ellos, entres sus romerías y sus credos, nació Camilo José Cela, un gallego prolífico que con sus logros desagravió la fama de la localidad de Padrón, provincia de La Coruña, para que nadie más pueda volver a verla con ojos indiferentes: un Premio Nobel había surgido entre sus linderos.

Su nombre completo tendría que leerse en varios tiempos de descanso, como una lista de colegio: Camilo José María Manuel Juan Ramón Francisco Javier de Jerónimo Cela Trulock.

Huraño, antojadizo e inagotable; era un niño grande cargado de hormonas superpuestas, a quien le daba lo mismo poder recibir a los periodistas en el baño o en un salón elegante. Irreverente hasta el hartazgo y lúcido en su senectud terminal. Hoy habría cumplido 94 años, mas se quedó en los 85; la misma edad que tuvieron en la hora de la última partida el filósofo griego Teofrasto, el venezolano Rómulo Gallegos y, el autor de El lobo estepario, Hermann Hesse.

Los homenajes nunca le serán ajenos, tampoco las abominaciones. Hace algunos años salieron algunos documentos que relacionaban a Cela con el franquismo. Lo colocaban como el único intelectual delator de la historia de España. Todavía existe la polémica de la autenticidad de esos archivos, mostrando en resumen la supuesta doble cara del escritor.

Su vida fue una gran novela gallega. Utilizó la tuberculosis que contrajo a muy temprana edad para internarse en un sanatorio y leer sin descanso a todo autor del canon literario español y sobre todo la obra de Ortega y Gasset.

Como es común entre los grandes, no todos lo veían con buenas vibras. El chileno Roberto Bolaño detestaba a Cela, igual o mucho más que a Octavio Paz. “Un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela”, afirmaba el autor de Los detectives salvajes en su cuarto mandamiento del escritor.

Hermoso es imaginar que La familia de Pascual Duarte, su gran novela tremendista, la elaboró mientras trabajaba en una industria textil. Galicia (o Galiza) estaba dejando de ser tierra plenamente destinada a la agricultura y la pesca, que la tradición avalaba, y el sector industrial emprendía vuelo como también la literatura galaica (adjetivo poco usado, pero sonoro y correcto).

Por otro lado, la editorial Alfaguara le debe a Cela su nacimiento en 1964. En ella publicó muchos de sus libros que acompañaron a los de otros autores de la vida cultural española que era, como diría Cela, carpetovetónica.

El Premio Nobel de Literatura de 1989 fue su máxima conquista, y los campesinos, pescadores e industriales gallegos se ponían de pie ante el venturoso laurel, que en cierta medida, era también de ellos.

En 1994 fue acusado de plagio por su obra que conquistó el Premio Planeta, La cruz de San Andrés. El juicio se archivaba y se reabría, hasta que Cela salió libre de todo pecado que su trayectoria jamás hubiese permitido, y sus seguidores, tampoco perdonado.


Por una coincidencia trágica, muere el mismo día en que su hijo cumplía años en el 2002, teniendo como últimas palabras: “¡Viva Iria Flavia!”, ciudad de Padrón, el mismo terruño que realzó para que el mundo entero, cuando piense en un gallego, piense en Cela sin complejos ni prejuicios.

M. F (LOS MULTIFUCKERS) Y OTROS CUENTOS de Gonzalo Málaga Ortega. Por Fernando Chuquipiunta Machaca

Gonzalo Málaga Ortega, el escritor andino más importante de la narrativa peruana contemporánea, está en el mejor momento de su carrera literaria. Y es que su reciente libro, “M. F (los Multifuckers) y otros cuentos”, acaba de aparecer en su primera edición y de ser publicada nada menos que en la Editorial Campo de Gules de la ciudad de Lima. Anuncios, por fin, de su tan merecida consagración fuera de nuestras fronteras.

Existe una regla tácita que impone que un libro de cuentos debe ser unitario, coherente, un todo orgánico que camine solo. En “M. F (los Multifuckers) y otros cuentos” de Gonzalo Málaga Ortega reúne cuentos escritos en diferentes épocas y sin elementos que, al parecer, no permiten agruparlos alrededor de un mismo tema. Pese a ello, Gonzalo Málaga Ortega se las ingenió para estructurar un libro sólido con piezas independientes, pero con engranajes, todos, de una narrativa mucho mayor. Es decir Gonzalo Málaga Ortega, trabajó un mismo espíritu y un ritmo único (una marca de estilo, una voz propia, estilizada y ya reconocible) capaz de atravesar las distintas historias que el autor cuenta y que le da noción de unidad, de coherencia al conjunto.

El volumen recientemente editado contiene nueve micro cuentos de excelente factura, propone una manera de contar en la que las palabras en sí misma abre mundos y conforman una trama, un misterio que el lector tiene que presentir, como dice, Carlos Calderón Fajardo, en el prólogo del libro. Al mismo tiempo, la subjetividad de sus protagonistas, se desplazan por la memoria solitaria: colectiva y urbana, con un espíritu fragmentado que incrusta una sensación de frustración que parece reflejarse siempre al final de cada uno de los cuentos, como cuando de pronto el personaje se queda solo.

Siendo Gonzalo Málaga Ortega un narrador puneño que inicia el arduo camino de búsqueda del estilo propio, conviene que no se deje llevar por el realismo tradicional y sacrifique la inagotable vena fantástica que es inherente al mundo andino. El libro llamado: “M.F los Multifuckers y otros cuentos” nos lleva a calificarlo como un narrador eminente que posee la suficiente imagen para recrear la realidad sin aderezos.

El mérito que ostenta su obra literaria radica en el tratamiento de un tema vitalmente trascendental para la sociedad rural andina y que muy pocos autores se atreven a destacar, a pesar que los nuevos narradores no se dan la molestia de referirse al fenómeno social por lo menos indirectamente. Estaremos seguros de considerar a Gonzalo Málaga Ortega entre los prosistas más destacados del sur andino.

Por eso celebramos alborozadamente esta publicacion del libro “M. F (los Multifuckers) y otros cuentos” que el celebrado escritor puneño Gonzalo Málaga Ortega ofrece esta propuesta cuentística del Perú profundo.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Lo maquiavélico en la sociedad actual. Por César Boyd Brenis. Publicado el 4 de mayo de 2010. Diario La Industria - Chiclayo

En el tercer día de este quinto mes del año, aunque de 1469, nació Nicolás Maquiavelo en la histórica Florencia (a finales del medioevo, territorio tan engalanado como tiránico). Más de cinco siglos después su legado es ineludible. Nuestro país se baña en maquiavelismo a diario como una legitimación de su propio rostro, aunque muchas veces sin saberlo ni querer saberlo, reafirmando la doctrina que el sistema empuja.

En las avenidas accidentadas, en los jirones empedrados, en la palestra conocida, Maquiavelo es el hondo señor gobernante. Todo cuanto nace y cuanto crece en el insondable vivir se asemeja de sobremanera a los inmortales apotegmas que alguna vez construyó este personaje, por allá en el siglo donde terminaría la Edad Media, y donde comenzaría a brotar el humanismo como síndrome de individualidad y antropocentrismo.

“El fin justifica los medios”, frase que resume su pensamiento aunque según estudiosos nunca aparece en ninguna de sus obras. Sin embargo, latirá fuerte en los tiempos futuros a su propagación. Sin duda alguna en esta época de crisis y antivalores, todo es tan “en sí”, tan individual y hasta egoísta, que las luchas más indignas son justificadas por un fin pedante y pretencioso. Desde arriba y desde abajo la mirada es la misma. Los diarios muestran padres de la patria (no se sabe de cuál patria) en contundentes actos maquiavélicos. Y aunque todo el mundo intuye lo que un candidato es en potencia, pocos deducen que es el legado de este brillante florentino lo que anda como un fantasma que recorre el mundo, y se apodera de los hombres.

En una sociedad democrática, el maquiavelismo en su vertiente más repudiable se adjudica un sinnúmero de nombres: se le llama corrupción, “faenón”, nepotismo, aprovechamiento del cargo, etc.

En las monarquías que reinaban en el medioevo, el maquiavelismo podría confundirse con la “mano dura”, con el “potente gobierno”, con el “calculado régimen”. La forma monárquica de gobierno de esa época apelaba a la justicia con métodos que podían llegar a la crueldad y la tiranía: el maquiavelismo en su forma pura.

Ya lejos de esos contextos repudiables, encontramos el pensamiento de este ilustre florentino en el día a día, en el andar práctico que los hombres afrontan, y eso los hace estar alertas, más alertas de lo normal mientras pasa el tiempo. Eso se refleja cuando encontramos cámaras de seguridad en los grandes mercados, en los postes elegidos, en los edificios distinguidos, pues un ojo siempre debe estar presente ante un enemigo invisible que es el propio hombre, la propia verdad ocultada en muchas mentiras: como se lo escribiría Maquiavelo alguna vez en una carta a su amigo Francesco Guicciardini en mayo de 1521.

Los estudiosos de Maquiavelo siempre han interpretado sus dos grandes libros, “El Príncipe” y “Discursos sobre la primera década de Tito Livio”, como dos formas contrarias (que no es lo mismo que contradictorias) de ver el mundo político-social de su época. Y si vemos con lupa nuestra sociedad actual, las formas contrarias del comportamiento de los ciudadanos y de los gobernantes son pan de cada día, como una certificación de las importantes deducciones del italiano.

Y para dar algunas luces tenemos lo siguiente, apuntando a los de arriba. Maquiavelismo literal: promesas de los candidatos. Maquiavelismo contrario: gobernantes insufribles. Maquiavelismo literal: evasión de impuestos. Maquiavelismo contrario: corrupción de funcionarios. Y si lo vemos desde la óptica de los ciudadanos de a pie tenemos lo siguiente. Maquiavelismo literal: robo en los supermercados. Maquiavelismo contrario: cámaras de seguridad cómplices o incumplidas. Maquiavelismo literal: infracciones de tránsito. Maquiavelismo contrario: coima. Etc.

Después de más de 540 años no hay punto de quiebre. Si en los sueños de las sociedades se encuentra cierta caridad hacia el mundo, Maquiavelo la descompuso e inventó la mano que nos desenmascara. Si no hay cambio, nuestros hijos cantarán los mismos himnos sin sentirlos. Y si en una suprema victoria existe el cambio, tal vez podremos contar con lo siguiente. Maquiavelismo literal: la justicia obligatoria. Maquiavelismo contrario: la libertad insurgente.

jueves, 13 de mayo de 2010

TV BLOG LITERARIO: Programa de entrevistas conducido por Raúl Heraud y César Pineda. Información sobre el acontecer literario nacional e internacional

Cuando dos o más personas visionarias se unen para hacer de la creación y difusión literaria un nexo vital entre quienes las asumen, nacen los proyectos urgentes, y esa búsqueda inagotable de nuevas ideas y oportunidades, nos permiten ser testigos de realizaciones esperadas y satisfactorias.

TV BLOG LITERARIO fue un proyecto que encontró concretización en manos de sus dos gestores, los poetas Raúl Heraud y César Pineda. Ambos, caminantes tenaces en esta difícil senda, han venido trabajando ideas con resultados prósperos (entre otros eventos, fueron piezas claves en la organización de Lectura Poética Nacional “Novísima Poesía Peruana”). Ahora aparecen en la escena cultural con este nuevo espacio que propone apertura e información literaria total.

TV BLOG LITERARIO es un programa de entrevistas a poetas y/o escritores, que tiene como objetivo no solo dar a conocer los sucesos últimos del acontecer literario nacional e internacional, sino hacer trascender la creación desde las voces mismas de los autores.

“Nuestra consigna es que TODOS, SIN ARGOLLAS, tengan un espacio donde puedan difundir sus trabajos” nos dice Raúl Heraud de manera determinante. Por otro lado, Pineda manifiesta: “Rogamos a ustedes nos apoyen a difundir este proyecto que nos apasiona y nos gusta. Por esa sencilla razón, compartimos nuestra locura”.

Y es verdad, este tipo de locura es el más ventajoso de la lucidez. Desde ella se forjan consignas y desafíos, temperamento y resultados destacables. No se puede dudar que un misil como TV BLOG LITERARIO, pegue directo contra el silencio y la ausencia de posibilidades para quienes tienen algo que revelar, algo que hacer detonar desde su universo poético o narrativo.

De esta manera se está poniendo en marcha este vehículo de letras para las letras. Se espera que siga con la misma constancia, y que logre, a pesar de cualquier indiferencia minúscula, expectativa general en bien de todo quehacer creativo que sugiera fervor por la Literatura.


Dar click en imagen de TV BLOG LITERARIO para ver las entrevistas a los poetas: Héctor Hernández Montecinos, Wilver Moreno Tineo, Vanessa Martínez Rivero, Roger García Clavo, entre otros.

miércoles, 12 de mayo de 2010

POÉTICAS ANDINAS: PUNO, libro de Mauro Mamani Macedo. Por Fernando Chuquipiunta Machaca

Mauro Mamani Macedo se ha propuesto con esta encomiable antología, ofrecernos un panorama casi general y objetivo de la poesía puneña de los últimos años, y de lo que él considera la poesía más representativa y la que cumple sus roles de expansión de las diversas tendencias que se ha gestado en Puno. Quizás, la calidad de los autores escogidos por el antólogo, motiva un especial interés, por conocer los rostros fundamentales de las últimas promociones de poetas puneños. Contribución, que asegura, para el futuro, la difusión de su obra entre los lectores de habla castellana.

El antólogo, nacido en 1969, en Arequipa, es poeta, ensayista, crítico literario y profesor universitario. Realizó estudios de Doctorado en Literatura peruana y latinoamericana en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, institución en la que ejerce la docencia en el Departamento de Literatura de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas. Además, enseña en la Universidad Norbert Wiener. Ha publicado los siguientes libros: “Íntima Palabra” (1998). “Manuel Scorza. Homenaje y Recuerdos” (2008). “En las fronteras de la literatura. Redoble por Rancas. Manuel Scorza” (2008).

José Luis Ayala, quien suscribe en el diario La Primera, señala que el libro se trata de una acción fundacional, de un análisis y crítica literaria académica que deberían servir de modelo para que trabajen así otros críticos. Lo que hace falta es también el ejercicio de la crítica ensayística, de la crítica periodística y de una crítica alimentada con la riqueza de la cosmovisión. Mauro Mamani Macedo inaugura una distinta forma de valorar la literatura y en buena hora. Ojalá se den trabajos similares en las otras latitudes del Perú, solo así tendremos una nueva historia de la Literatura Peruana.

Un esfuerzo considerable por decir con los mínimos recursos es el que realiza Mauro Mamani Macedo en este libro, denominado Poéticas Andinas, en la que nos permite analizar los versos de Carlos Oquendo de Amat, Gamaliel Churata, Efraín Miranda Luján, Alejandro Peralta, Inocencio Mamani, Dante Nava, Omar Aramayo, José Luis Ayala, Gloria Mendoza Borda y Boris Espezúa Salmón que seguro nos habrán de llevar a situar la literatura como lo que fue en su origen: la ceremonia del descubrimiento, de la mención del primer nombre a las cosas y los acontecimientos, un acto inagural.


A lo que habría que agregar, solamente, que esta valiosa antología prueba, una vez más, que el departamento de Puno es y ha sido siempre ciudad de poetas, de grandes poetas, más allá de sus penas y sus miserias. Felicitaciones.

viernes, 7 de mayo de 2010

Diamantes en el fango: A propósito de TEOREMA DEL ANARQUISTA ILUSTRADO. Por Charly Martínez Toledo

Por Charly Martínez Toledo*

Al enumerar la exuberante y variopinta cantidad de novelas por cuyas páginas transitan seres conflictuales, estrambóticos, atrapados en esa oscura y espesa maraña de pensamientos que, cual jinete, galopan incesantemente por el sendero del absurdo, acaso donde el corcel acabe convirtiéndose en un agujereado pedazo de madera (lo que antaño era llamado “locura”), no podemos dejar de mencionar textos de vital interés e importancia para todo aquel que desee ahondar e involucrarse en la llamada novela psicológica. Así, encontramos a Francois Mauriac y su “Nido de víboras”, el “Diario de Ana Frank”, “La puerta estrecha” de André Gide y, no podía faltar, la genial obra “Crimen y castigo” de Dostoievsky. Pero sin ir muy lejos -y saliéndonos de los estrictos cánones- podemos citar a un pequeño grupo de textos que, acaso, intentan emular los dignos pasos de sus maestros. Ahí tenemos “Atrapado sin salida” de Ken Kesey; “La historia del loco” de Jhon Katzenbach, aunque lleve cierta impronta chestertoniana –casi inmersa en la onda del “best seller”- gozó, en su momento, de amplia acogida; “Desconocidos en casa” de Georges Simenon, el cual es una historia que el autor ha sabido redondear con singular maestría y donde el protagonista, el abogado Héctor Loursat, posee una actitud hosca hacia el mundo (por momentos nos recuerda al Raskolnikov de “Crimen y castigo”). Muchos de estos personajes se hallan empapados de una constante subversión hacia la férrea maquinaria forense (a veces también, como en el caso de Loursat, puede ser social) que algunas veces se ubica dentro del mero discurso del enajenado y en otras presenta conspicuas reflexiones, verdaderas señalizaciones dispuestas a enriquecer o cuestionar el poderoso arsenal de fundamentos psiquiátricos. Las mismas suelen provocar en el lector un remezón interno, aguzando sus sentidos. En las tres novelas “no canónicas” mencionadas anteriormente observamos una fútil, enfermiza rebelión contra el sistema psiquiátrico producto, claro está, de los síntomas inherentes al alienado. Lo otro, la sesuda reflexión capaz de derrumbar (o al menos hacer tambalear) una serie de principios ya instituidos y establecidos pertenece a novelas que demandan al lector mayor exigencia intelectual, por lo mismo que son, de mayor trascendencia y calidad.

Dentro de este grupo de libros en el cual la marginalidad ideológica del personaje principal (etiquetado siempre como enajenado, orate) provoca una ruptura con el común denominador social (sean actos o pensamientos) “Teorema del anarquista ilustrado” (Ediciones Altazor, 2009) del afamado poeta leyenda Enrique Verástegui Peláez (Cañete, 1950) posee definitivamente, brillantez propia. Publicada originalmente en 1992 nos narra, con singular maestría en la construcción de las imágenes y usando las palabras pertinentes en lo referente a la terminología médica, el plan de huída de Rigoletto, un agraciado y perspicaz joven de veinte años, que labora en una agotadora fábrica de maquinarias y gusta escribir versos. Su posterior internamiento en un hospital para enfermos mentales es un pasaje durante el cual permanecerá inconmovible, mudo, indiferente ante la idea de su posible paranoia, que los galenos elegantemente llaman “referenciación”. Sin embargo, Rigoletto le atribuye razones todavía más alucinadas y siniestras a su encierro actual: “Me habían traído aquí por creer que el Apocalipsis se encontraba, como la belleza “a la orden del día” y yo me iba todas las tardes –cuando salía de mi trabajo, por un momento- a ese parque cercano a mi casa a predicar contra los pecados del mundo” (Pág. 44). Prescindiendo de una trillada y cucufata perorata les predicará –en cierto pasaje del libro- a unos obreros reunidos en un parque chosicano a dónde han ido a pasear los habitantes del hospicio, y le atribuirá al estado los males del individuo ( nos recuerda, en algo, el contexto de la novela “La guerra del fin del mundo” y la insurrección religiosa acaecida en Canudos que, sin embargo, el frenólogo Galileo Gall estimaba como social) corroborando, a su vez, la llegada del Apocalipsis con el mismo hecho de encontrarse reunidos. Parte de ese “estado” que tanto aberra son los psiquiatras, ante quien siente un profundo rechazo. Defiende su posición calificando a su trabajo de inútil: “Como el sistema psiquiátrico pretendía tener una razón que yo no negaba, exigía a mi vez que, al menos, se tuvieran en cuenta mis proposiciones: Ellos trataban de integrarme -¿a qué, y para qué si, de todos modos, las frígidas maquinarias iban a tratar de devorarme?-” (Pág. 34.). Rigoletto no cree en la “solución” ofrecida por los doctores comparando la sociedad (acaso la salida, la libertad disfrazada de paraíso) con un absorbente magma que hay que sortear, capaz de derretir hasta las últimas esperanzas de los aletargados pacientes. El hospicio encarna la otra cara de una moneda falsa, trucada, con el mismo símbolo a ambos lados y donde el electroshock sea posiblemente el punto fatídico. Si en “El innombrable” de Beckett, su protagonista principal (un ser sin forma, vomitado por el entorno social) necesita hablar para determinar su incómoda existencia, en “Teorema del anarquista ilustrado” sucede algo similar: Los psiquiatras consideran a Rigoletto un simple paciente; a su discurso profético una clara demostración de su vitalidad, aunque gobernado por el fastidioso estigma de lo que ellos mismos denominan “locura”.

Dentro del hospicio, como parte de su rutina diaria, comenzará a planificar sabia y astutamente su huída, gustará de paseos solitarios y, además, de convidarle cigarrillos únicamente a quienes poseían “ese reposado gesto de sabiduría que solo yo podía reconocer” (Pág. 18), se escabullirá entre los descuidados jardines encontrando a cada paso alocadas ninfómanas dispuestas a ofrecerle sus encantos, que él no rehusará. Pero será Esther, “una muchacha de cabellos mal recortados que adornaba, sin embargo, primorosamente, con un pañuelo sobre la frente. Se rellenaba las bellas mejillas con grandes chapas de colorete y sus labios, bajo sus grandes ojos sombreados de azul (…), se abrían para dejar que mis labios se posaran ardorosamente sobre ellos” (Pág. 48) el dulce remanso amoroso anhelado, aunque obscurecido por la enfermedad de ella (insinuada, en el texto, como catatonia) y entorpecido por la atemorizante amenaza de los enfermeros y el electroshock, además de la hostilidad del resto de pacientes pues “como en cualquier parte (…) donde los seres humanos saben que existen porque existe la agresión entre ellos” (Pág. 28). Se deduce de esto que la irracionalidad, la agresividad cundidora entre los internos como única representación existencial es trasuntada afuera, donde aparentemente reina un estado coherente. Esta agresividad contrasta con la poesía y el discurso pacifista de Rigoletto, manifestaciones artísticas descollantes en quien no solo escribe erotizados versos sino que más tarde, haciendo gala de su talento, entrenará un pujante equipo de básquet (forma parte de la terapia impuesta) conformado por neurasténicos. El Zurdo, El Loco, El Charapa, El Silencioso y El Bronco aplicarán al pie de la letra las laberínticas e intrincables jugadas germinadas en el privilegiado cerebro de su entrenador, obteniendo aplaudidas victorias.


En cuanto a la flor, posee este elemento especial simbología para Rigoletto, es dadora de belleza, vida. Sino léase: “Una flor no debe marchitarse sin haber iluminado todos aquellos ojos que la contemplan”. Le confiere un significado de mayores registros en dos de las tres largas anotaciones escritas durante su estadía, acudiendo a recuerdos de infancia: “Sin embargo, una flor –como la rosa con alas de libélula hecha con papel rojo de una cometa levantando su vuelo por encima de las colinas donde los vientos se cruzan, y rechinan –es apenas un mundo, inconmensurable para mí (…). Definir un jardín es, entonces, una tarea no menos consciente que resolver ecuaciones trigonométricas pero sí llena de abismos inalcanzables, casi supremos en cada detalle, cada pecíolo, cada hoja, cada pétalo –diagrama y hechura de una minúscula máquina carnosa, aunque finalmente toda comprensión se revela decisiva en torna al conjunto, y sus detalles” (Págs. 67-68). Rigoletto le rinde pleitesía a lo inentendible, lo inalcanzable, quiere y ama lo que considera vasto, sideral. Quizá esa admiración se vuelque hacia él mismo, gran ególatra: Así se siente, mensajero de vida, de perfección, equiparable a la flor, pues se ha “puesto a escribir para traer belleza sobre la tierra”. (Pág. 12).

Teorema del anarquista ilustrado antepone a la belleza una estética rehusadora de cualquier forma de poder, anarquía cimentando sus bases en el aliento subjetivo de la armonía, ésta última como alimento principal de la ciencia. Por añadidura se encuentra la técnica “cuya existencia transforma la naturaleza, se realiza para perfeccionar el mundo” (Pág. 45). Luego de la belleza y la ciencia se halla, cerrando el triángulo, la técnica, donde siempre el segundo depende del primero.

Este es, pues, un libro de una deliciosa complejidad, donde hasta cierto punto se “mata” la acción (sin que por ello resulte pesado, soso) dándole prioridad a reflexiones colocadas en el momento adecuado y que muchas veces atañen a cuestiones estéticas. Enrique Verástegui, como todo gran exponente de la buena literatura, logra situar lo bello en un pedestal altísimo, de sólidas bases, en medio de un lugar lúgubre y siniestro como es el manicomio. Sus párrafos, bien escritos y de una lucidez envidiable (en especial los referidos a su niñez y la naturaleza de la flor), hacen de “Teorema del anarquista ilustrado” no solo un texto atractivo, dotado de una ternura arrobadora, acaso un dulce manantial de palabras, sino también un texto exigente, que agrede a los tramposos vericuetos psiquiátricos. El comienzo de esta extraordinaria novela confirma lo anteriormente expuesto. Léase. “Un tiempo de flores con fresca belleza en los pétalos del verano se cerraba, tras aquella puerta –que supuestamente debía conducirme a un lugar donde iban a destruir mi pensamiento –para volver a abrirse, arrojándome contra la nada, una vez que me hubiera convertido en un ser macilento y con su rebeldía destrozada como un geranio…”. Es, en conclusión, un libro importantísimo para la literatura peruana y, por qué no decirlo, universal. Razones no faltan.


Vitarte, 27 de abril 2009.


*Charly Martínez Toledo (Lima - 1984). Es integrante del movimiento literario “Di-versos” y de la Sociedad Peruana de Poetas. Ha sido organizador de diferentes homenajes realizados a destacados poetas en la UNE - "La Cantuta". Trabajos suyos han aparecido en la revista virtual "Remolinos", en el diario "Los Andes" de Puno y en la revista física "Sol de Ciegos". Además, ha sido incluido en el primer número del dossier de poesía "Cuervo iluminado". Nuevas voces de la poesía peruana. En el año 2009 apareció su libro "Las púas y otros cuentos" (Arteidea editores). Ha participado en distintos recitales tanto en Lima como en provincias. Asimismo, administra el blog literario:
http://durooficio.blogspot.com/

Acerca de POEMAS FAUNOS, libro de Joan Viva. Reseña de José Pablo Quevedo

¿El reciclaje o la poesía hacia un ideal regresivo?

Las imágenes de un Fauno, un semidiós en la mitología griega, un hombre libre en los campos y las fuentes, al acecho de la hembras, amigo del gozo y de la música, como Pan, con los pelos abundantes sobre el cuerpo, cascos en vez de pies, son la imágenes que nos entrega el poeta peruano Joan Viva en este su nuevo libro “Poemas Faunos“, editado en Lima, por Maribelina, Casa del Poeta Peruano, en septiembre del 2009.

Vemos que su autor es un hombre experimentado, con muchos años de oficio, además es Promotor, Comunicador Social por antonomasia, y destacado animador de la Web de la Casa del Poeta Peruano.

El amor dentro de la piel del Fauno rodea las imágenes del libro, sus cuitas y las relaciones con la amada. Y en ello, Joan Viva vibra, y crece con su sensibilidad, además la desborda, ora impregnada por el simbolismo elemental que le trasfiere a sus figuras, ora mostrándonos algunas otras esencias gráficas visuales que alimente su poesía. El vive la imaginación de su mundo en las instancias que él descubre con las metáforas que trasmuta. Aquí uno de sus acabados y logros en su forma:

Se congració con la luna/ Caminó con los cangrejos/ Comiendo ricos potajes de alfalfa y caviar/ escupió hacia abajo los mil demonios que guardaba/ Aduló a las mariposas que besan siempre sus pies a las 7 p.m. / palpó a las sirenas en sus partes húmedas/ Revolcándose vírgenes en los peldaños de la iglesia/ chupó su dedo cubierto de miel salada/ desnudo en la arena/ esperó que el viento salino enfriara su trasero/ Llegó cansado a casa / y se echó a dormir.

Del bosque de piedra/ se dicen cosas sublimes/ cual si fueran estrellas/ Espuma/ mar de cielo/ En la brizna/ de hierba/ sobre el ancho silvestre.

Como ex miembro Fundador de la Asociación de Poetas y Artistas Aedosmil, también le inspira una poética que se compromete con la realidad peruana, y que en forma realista traduce metafóricamente sus vivencias y experiencias ganadas con la vida y sus combates contra el Poder dominante, y así el libro, que nos entrega el poeta se hace de esa ambivalencia, y de las injerencias de esas diversas razones sociales, y que a mi juicio, me parecen están integrados de una u otra forma a este libro. Un ejemplo, es el poema “EL CIELO POR ASALTO“, que nos ilustra la necesidad de esa lucha y su unidad creativa:

Mis sueños de esperanza/ Aún no los pierdo/ Se han incrementado/ Como torrente/ Anidando en sus brazos de libertad... Rompí el silencio de los oprimidos/ vagué por las celdas de los caídos/ Desahogué mis sentimientos mudos/ grité, odié, lloré/ Por querer cambiar todo.

Los límites del presente artículo, no me permitirán desmenuzar su poesía social, acaso, por ello, pretenderé ocuparme, solamente, de la trasgresión de su lírica en cuanto a los tiempos y los espacios de su fantasía con los cuales el poeta ATRAVIESA EL DEVENIR para condensar la inventiva de su mundo o para mostrarnos el pretexto de su obra.

La arquitectura poética que recorren en la piel de un Fauno los espacios hacia un pasado, muestran una naturaleza casi intocada, donde las fuentes y los bosques y los campos se generan a montones, y todo fluye a pedir de boca sin que nadie ordene o determine sobre las cosas elementales o necesarias de esos lugares, en donde las leyes les pertenecen a los hombres libres, y los sueños se hacen realidad cuando se desean y se buscan. Así simplemente, llamándolos, ellos son atraídos sin oponer la resistencia.

Soy/ quien esparce la vida/ a través de mis aguas y lluvia/ soy en buena cuenta/ quien fertiliza los bosques/ y ninfas que me rodean.

Allí / adornada de flores /tu silueta esconde pasión/ tus senos cubiertos de pétalos /esconden mi deseo /esconden tu ternura /esconden mi razón.

...Hacia mis deseos más escabrosos y sórdidos/ Mis dedos deslizándose/ por el tronco del árbol/ que esconde mi figura/ para no ser descubierto/ frotando mis partes/ veo tu níveo cuerpo/ emerger y sumergirse/ en las tentadoras aguas del lago.

Joan Viva, no conceptualiza sino juega con las imágenes regresivas de una mitología, y aún más, hace el tiempo regresivo como un ideal, o como una utopía, pues ese tiempo de la realidad griega nunca ha existido, sino en la misma invención de los hombres de ese tiempo. Pero en este tiempo presente, el poeta lo detiene para su propia creación, para su reflexión y regocijo, y para su propia estrategia frente a lo que se desea relacionar entre esas dos orillas de un pasado y de un presente hecho por su imaginación. Y con ello, el cuerpo del libro forma una transmutación regresiva, que está fuera de la realidad presente, y que es algo que nos motiva a establecer esa relación.

La realidad citadina limeña es muy diferente. Lima “la horrible“, como la llamo el poeta y escritor Augusto Salazar Bondy-, es una ciudad en donde Joan Viva vive y trabaja, y esa ciudad nos muestra su caos que va desde lo social y lo político y que se condensa hasta en el transporte, pero lo es también con la gran contaminación ambiental y el smog propicio para las alergias respiratorias, pero también la llovizna del invierno forja las enfermedades pulmonares y bronquiales; en fin, Lima es una metrópoli llena de grandes contrastes, en cuanto a las construcciones y de diferencias sociales, es una ciudad apta para la corrupción, las mafias y el clientinaje político, algo que se viene dando desde su fundación a orillas del río Rímac.

La fisonomía de esta metrópoli también ha sido transmutante, se puede ver diversas épocas en ella, se puede conocer su espíritu aún con muchos elementos coloniales y otro de inspiración moderna. Se nota la enajenación trasmutada de un tiempo sucesivo determinista y descompuesto en tres épocas sociales: La colonial, la Emancipación y la Moderna. Pero aún así, en ella, prevalece el espíritu enajenante de los conquistadores que no ha sido vencido totalmente. No es casual que este espíritu que vino del Viejo Mundo aún impregne el espíritu de muchos de nuestros intelectuales.

Pero en Joan Viva, ese espíritu trasmuta de otra manera, el poeta aparentemente pareciera evadirse de la realidad e ir hacia otra idealizada por una mitología europea pasada. Pero no, el poeta tiene una estrategia, que yace dentro de los mismos sustratos contradictorios de los esquemas de su libro de poesías.

Lo que anima al poeta, es también lo que anima a la misma realidad de su medio, y que él introduce en algunos de los elementos que recogen sus sentidos de percepción cotidiana, y que hace que él en sus diversas recepciones las convierta y las eleve a una ficción, pues vemos, además, en torno a la imagen del Fauno, otras, descubiertas en grandes contrastes y desproporciones que vienen desde los ambientes citadinos.

Ya me expresado varias veces, que con las naves de Cólon, vino también una mentalidad medioeval y colonial y que fue introducida a nuestros pueblos con la educación del clero católico. Pero Colón es el autor originario de la política de los medios chances y del realismo maravilloso en nuestro Continente, y basta dar una miradita a su Diario, y uno podrá darse cuenta de esta aseveración.*

Pero también históricamente, antes de la Independencia formal en la América Latina, llegaron las ideas de la Ilustración y de la Revolución Francesa, y más adelante con las Repúblicas, otras diferentes teorías burguesas, las ideas anarquistas y marxistas emancipadoras.

*Ver del mismo autor: En regresión histórica a la Realidad Latinoamericana y peruana,
www.josepabloquevedo.com

En cuanto al Fauno, dudo que haya alguna historia plenamente así vivida por el poeta, antes bien, en Poemas Faunos, hay una imaginación trasmutada y casi deseada por su autor, la cual diría, es hasta una evasión voluntaria y forzada de ir hacia el pasado para mostrarnos las debilidades e imposibilidades de nuestras sociedades y de nuestros hombres de ser libres. La estrategia del poeta está en mostrar en esta relación presente ese pasado -aunque sea idealizado- , la enajenación existente en base al poder de las clases dominantes y el poder religioso. En su poema ESTIGMAS, nos muestra ese efecto.

Nueva filosofía se apoderará de las personas/ No habrá temores, maldades/ Todo será permitido/ No habrá mandamientos/ Ni pecados/ Sólo paz y placeres terrenales...Viviremos bajo el signo libertario/ Sin esperar recompensa ni castigos/ así tendremos hijos hermosos/ tan bellos como las flores/ y suaves como las nubes...Busquemos a sus vírgenes/ haremos el amor todas las noches/ para que nos bendigan/ y nos recen todos los días.

En este viaje al reino de su fantasía pasada, el aeda lo hace como yendo en una máquina de tiempo, en cuenta regresiva (9.8.7.6.5.4.3.2.1.0.) hacia el pasado mitológico, y aquí en el tiempo del Fauno halla el lugar que él elige, y lo condiciona y lo liga a su diversos collages. Con ello, el poeta, hace de lo inexistente, lo existente, halla dos épocas contrarias en la línea de su invención. Él mismo también poetiza en CIBERSPACIO:

Navego por las telarañas del Ciberespacio/ entre Emails/ Webs, Bitts y Chips/ tomando algo de aquí y de allá...Zipendo los más hermosos bytes... / Descargando los más raros algoritmos/ Ingreso a los portales de la poesía artificial/ Caigo rendido ante la abundancia alfanumérica/ Encuentro miles de informaciones/ Desde Safo hasta Homero/ De Píndaro a Mishima... En la biblioteca digital/ Me solazo ante la inmensidad de libros/ Nunca ante visto por mis ojos/ Obras de arte de tiempos remotos/ Hasta nuestro último suspiro/ Dioses gracias por el regalo...Busco a las musas del ciberspacio/ Por si me inspiran los más ácidos versos/ Lanzo sus túnicas eléctricas al viento/ Me ensalzo en sus digitales cuerpos...

Hay algo que me hace recordar al poeta peruano José María Eguren, el autor de la Canción de la Figuras, el cual vive en sus poemas otra realidad y otra fantasía inventada, hecha con figuras medioevales. Su forma de escribir es más simbólica. Eguren no fue el poeta sensual como se expresa en su lírica Joan Viva. Otra época trasgredida como por el mecanismo de un reloj que contiene la poesía. Y como sabemos, hay diversas formas de evadir la realidad, y para eso hay un instrumentario técnico moderno y exigente que nos transporta a otros espacios, sin haber estado antes en ellos, siquiera.

Los artificios que construye Eguren son fascinantes. Eguren es una especie de niño con juguetes de fantasía que vive fuera de nuestra época, pero Eguren se queda en ese mundo. Los artificios de Joan Viva no son los de Eguren. El aeda nos habla de la realidad social, él mismo ha actuado al lado de los desfavorecidos, él mismo ha combatido las injusticias, él mismo se ha preguntado sobre lo justo y lo injusto ante el drama social latinoamericano y mundial, y ha establecido en su canon lo que es ser poeta.

Mi vocación de poeta /también nació/ de ver caritas sin juguetes/ jugando a ser adultos/ de ver sombras persiguiendo a mi gente/ de ver mis amigos desaparecer...Mi vocación de poeta/ nació/ aprendiendo a ser /humano y libre.

Joan Viva al extraer una determinada época pasada para animarla en el presente, transmuta o trasgrede los tiempos, simplemente Joan Viva, conciente o inconcientemente utiliza la regresión literaria, y con ella, deviene este libro en una mezcla de tiempos y de imágenes pasadas y presentes, logrando con ello establecer sus relaciones y sus comparaciones.

Observamos, que el poeta no se evade de su realidad, pues él mismo nos muestra el nuevo renacer de las ideas cargadas de humanismo, y ella se muestra en una lucha del esclarecimiento entre lo que es necesario y lo innecesario; y acaso entre el poeta contra el poeta, entre la vanguardia y la decadencia.

Los poetas Malditos ya no existen/ sus cerebros confundidos/ faltos de conciencia/ con inmaduras neuronas/ desorientados en su labor/ confundidas de oficio...

Estoy escondiéndome de los poetas decadentes/ auto eliminándose con sus propias letras muertas/ de nada valen sus títulos/ para ser poeta hay que nacer/ Porque ser Dios es una tarea difícil.

Un tiempo libre, sin las ataduras de las leyes deterministas de las clases dirigentes se desea Joan Viva, y su lucha nos muestra una lucha contra ese mundo enajenante en su poesía. Tal vez, intentando de hallar en la primera naturaleza virginal sus propias leyes y que ellas corresponden a hombre esclarecidos para poder alcanzarla.

No olvidemos que el Fauno, era un semidiós, un hijo de dioses, un hombre-bestia y que también para los griegos eran inmortales. Tampoco hay que olvidar, que ellos eran hombres libres y podían hacer lo que les placiera en el mundo terrenal.

La poesía de Joan Viva tiene ingeniosidad a pesar de ser regresiva, tiene creatividad a pesar de que su autor revierte una figura de la mitología que ha sido tomada repetitivamente en muchos libros. Él la hace suya en su lírica transmutante. Esa regresión la necesita su autor ante un mundo tan deshumanizado y tan monetarista, la necesita como una especie de renacentismo espiritual para volver a nuevos valores humanos, para querer dar una respuesta ante lo que es el amor, la libertad y el gozo humano, sin ser condicionados ni por la iglesia ni el poder político.

Para mí, ha sido como descifrar o tratar de relacionar dos espejos epocales diferentes: uno pasado, enraizado y constituido en nuestra ideología idealista y aún tan eurocentrista, pero que nos sirve como un punto de referencia para medir nuestro presente.

José Pablo Quevedo
Bernau - Alemania, Diciembre del 2009.

De POEMAS FAUNOS

Era de acuario, de acuario era

10.30 am.
Mientras un caramelo se deshace en mi boca
golpeando feroz entre mis dientes
recordaba los ríos desbordados
que lo arrasaban todo

Pensaba
en las hojas marchitas
cayendo como almuerzo del cielo
hacia la cuna de mis abuelos

Divisando aquel puerto maldecía
los cambios de clima repentinos
………………………inesperados
siempre me atacaban desarmado
………………………absorto
………………………ensimismado.

11.45 pm.
Cómo escapar al sortilegio deseado
sin preocuparme de ritos y tabúes
dejándome llevar por trópicos
Capricornio y Cáncer

Anaís dónde estás
sigues escondida tras las cortinas floreadas
cubierta de pétalos
que ondean al respiro de tu ventana
entreabierta

Marquesa dónde están las ninfas
que jugaban al lobo
cubiertas de caperuzas blancas
como si fueran trajes de bodas virginales
dejándose atrapar bajo las camas
en medio de una oscuridad complaciente

Cómo olvidar a las mellizas
regidas por Géminis
dominadas por Capricornio
bañadas por Acuario
poseídas por Libra

Cómo no temer
la caída del cometa apocalíptico
que nos llevó entre rejas
exigiendo un poco de tu fuego
para que su llama no se extinga

Beatriz
aquí no se halla Dante
sólo haz lo que te piden
entrega una tajada de tus encantos
al guardián del cielo
y saldremos pronto
a recorrer
las calles húmedas del postrero atardecer
amándonos en cada esquina
en cada jardín
…………………en cada vereda

Aquel hotel de 8 soles
el favorito de nuestros equinoccios
de tus deseos y eclipses depresivos

Imposible mantener la cordura
descubriendo nuevos ángulos
en la geometría descriptiva de tu cuerpo
acomodándonos
………………..para goces
………………………..casi perfectos.

Poema IV
Hoy no quiero cantar
a las ventanas muertas que me miran
quiero observar a través de sus ojos
compartir el veneno
que día a día me asesina.

Las cortinas arrancaría con delirio
destrozando los vidrios con mi puño
observando mi mano enrojecer
sería como romper los barrotes de esta celda
cómplice
que me abrasa
que de a pocos me mata

Hoy no quiero cantar
a las ventanas muertas que me miran
hoy quiero
vivir entre las sombras
y morir día a día.

Sombras
En la noche eterna
llena de sombras
nace un sueño
que se convierte en leyenda

En la oscuridad infinita
no hay colores
solo gamas de nocturnidad

En aquella negrura
todo es quietud
melancolía
verdad
las sombras vagan
formando nubes sombrías

En las tinieblas
las flores son negras
oscurecido terciopelo
al tocarlas sentimos el calor
brotando de sus almas

Los caminos son largos
pero no cansados
nadie llora
nadie sufre

En el mundo de las penumbras
encuentro tu silueta
bella esbelta
cautivadora
cubierta
de encantos no marchitos

Quién diría que en la
noche eterna
iba a encontrarte
después de siglos
de andar buscando

Pero al fin te hallé
en este mundo
de penitencia
en esta tierra
de inconsciencia y delirio.

Poemas faunos
Por las entrañas del lago suave que sondea tu cuerpo
Recorriendo el perfil unísono de tu exquisitez
Llenando tus curvas de nívea savia y dulce aroma
Busco lograr inclinar la balanza de eros
Hacia mis deseos más escabrosos y sórdidos
Mis dedos deslizándose
………………………..por el tronco del árbol
…………………………….que esconde mi figura
………………………………….para no ser descubierto
Frotando mis partes
…………………….veo tu níveo cuerpo
………………………….emerger y sumergirse
……………………………….en las tentadoras
……………………………………..aguas del lago

Mientras das la espalda
Me aproximo
……………sigilosamente
…………………hasta la orilla

La ninfa inocente e ingenua
Retoza peligrosamente en aguas mansas
Cómplice de mis juegos y deseos
Mi peludo cuerpo se sumerge
Me acerco…………emerjo
…………….la veo
Ella me mira
Hipnotizada no puede escapar
Mis cuernos se hacen más sensibles
Mis pezuñas avanzan hacia ella
Yo fauno ella ninfa
Poseeré a esta dulce joven
Saciaré mi sed de lujuria
Y rejuveneceré
……………….una vez más
…………………………….y más.

Aún te recuerdo
Mientras el sol cae en la playa Atardece mi vida con el Rumor del viento que trae Irisada mi alma al recordarte

En ese breve espacio dulce Muere mi vida cien veces Inhóspita y triste Las ultimas palabras dichas antes de irte Y dejarme entristecido de por vida

Mientras sigo viviendo Una sombra tuya me acompaña Radiante, bella Abrazando mis sueños tú eres mi karma, mi luz Nunca olvidaré alma mía los pasados días Moriré lejos desolado Y me iré feliz para estar contigo siempre en mi recuerdo.

jueves, 6 de mayo de 2010

La simplicidad divina de Fernando Pessoa. Por René P. Garay

Para Luis Rafael Sánchez
The limits of my language mean the limits of my world.
(Wittgenstein, Tractatus Logico-Philosophicus, 1919)

La visión del mundo en la poesía de Alberto Caeiro se opone a la que compartieron no sólo los otros dos heterónimos de la trilogía principal (Ricardo Reis y Álvaro de Campos) sino también a Fernando Pessoa ortónimo. Su poesía intentó representar la naturaleza tal como es, de una manera objetiva, sin entrar en las divagaciones de los poetas-pensadores. Se contentó el "mestre" Alberto Caeiro con apenas nombrar los objetos per se, sin preocuparse por el significado trascendental de la realidad, ni por ese trasfondo misterioso que tantas veces urgarán sus discípulos.1 Por consiguiente, las diferencias estilísticas entre Caeiro y los otros son notables, denotando así una demarcación entre ellos. ¿Será el objetivo de este ensayo el investigar las características estilísticas de este heterónimo pessoano? No exclusivamente, debido a la singularidad filosófica y espiritual del gran poeta-pastor.

El lenguaje poético, sencillo y fluído de Caeiro, es compatible con su sentimiento realista; esto, en parte, ofrece una verosimilitud determinada a su obra y lo convierte en un autor cuya sinceridad es poéticamente vital a su mensaje. Es más, existe una relación necesaria entre Caeiro--agente poético de Pessoa--y su estilo. Al elemento singularmente prosístico de sus versos--o sea, el enlace lógico de ideas afines--tendríamos que añadirle el hecho de que se trata de un poeta-filósofo (anti-metafísico), sin las afinidades saudosistas de Pessoa y sus otros alter egos.

Es también interesante que Caeiro, el más arraigado al suelo portugués ("nasceu em Lisboa, mas viveu quase toda a sua vida no campo"), sea, a la vez, el más distanciado de la poética tradicional; existe en él un deseo constante de depurar los poemas de obsoletos artificios retóricos y métricos. El "lenguaje poético" que heredó, con todas sus limitaciones y todos sus convencionalismos, le causan un pronunciado disgusto. En su poesía--paralelo a un tono libre de secretas intenciones, vacilaciones y timideces ideológicas--está su estilo original y puro. Esto se puede observar en el poema XXXVI de O Guardador de Rebanhos:
.
E há poetas que são artistas
E trabalham nos seus versos
Como um carpinteiro nas tábuas!...
Que triste não saber florir!
Ter que pôr verso sobre verso, como quem constrói um muro
E ver se está bem, e tirar se não está!...
Quando a única casa artística é a Terra toda
Que varia e está sempre bem e é sempre a mesma.
2

Al negar el lirismo saudosista de la poesía tradicional Lusitana, Caeiro propone una nuevo proyecto poético que surge de una fuente inspiradora mucho más clásica y positivista que reorganiza la manera de ver las cosas. La economía de su estilo señala una visión distante a la ideología poética de la Europa meridional, especialmente al de la Penísula Ibérica. Talvez esto nazca de la influencia inglesa en el mismo Pessoa.3 Sea cual fuere su inspiración original, se sabe que la poesía de Caeiro participa de una visión clasicista y es por eso que su depurado estilo es tan singular como la imagen bucólica del mismo poeta. Los rasgos clásicos del "mestre" poseen una importancia vital, ya que apuran una tentativa por parte del poeta de reproducir estilísticamente esas cualidades naturales--de condición ingenua--que asociamos con la estética greco-latina y que, a su vez, logra un modo de expresión propio; anti-peninsular y anti-pessoano. De aquí que Armand Guibert observara que en su poética "n'a jamais le flou et l'ouaté propres à la poésie atlantique".4

El "mestre" rechaza los avatares del hombre moderno, con toda su agitación tecnológica, prefiriendo en su lugar, la sencillez del mundo bucólico. En su serenidad expresiva, tan mesurada y sentenciosa, se revela una visión conservadora lo que nos hace recordar las convenciones de la antigua poesía pastoril y el bucolicismo de los poetas clásicos. En su estudio sobre Caeiro, Jane M. Sheets pretende excluírlo del ámbito poético, caracterizándolo como anti-poeta, siguiendo en esto los principios creadores que gobiernan la "poesía tradicional".5 Infelizmente, un acercamiento de este tipo, además de presuponer una definición tradicional de la creación poética, queda bastante restringido por causa de su anticuada perspectiva sobre lo que es "poesía"; particularmente si nos detenemos en el asunto de poesía contemporánea. En su definición del poeta tradicional como "a perceptive interpreter of his surroundings", observamos que el poeta--el "perceptive interpreter"--siempre intentará despejar y aclarar la realidad contextual, determinando así que la creación poética es, y ha de ser eternamente, subjetiva. Mas, fuera de la externa cobertura de rimas, imágenes, metáforas y otros tropos, descansa una realidad esencial y universal que el poeta descubre; una síntesis concreta que no necesita formas externas ni artificios retóricos, y que se manifiesta en sí. La singularidad del "mestre", por lo visto, consiste en su habilidad de captar la naturaleza intrínseca de las cosas en versos depurados y lacónicos que nada tienen que ver con el disfrazado saudosismo de la poesía tradicional portuguesa. Caeiro interpreta, sí ("Porque só sou essa coisa séria, um intérprete da Natureza"), pero lo hace con los ojos abiertos, con la tranquilidad o indiferencia del espectador abúlico. Paralelo al comentario de Eduardo Lourenço que la poesía en Caeiro se manifiesta "pela presença nela do visível sofrimento espiritual", señalemos aquí la importante función del ritmo que también confirma la integración poética de su producción artística.6

El verso de Caeiro puede tener poca rima, pero, como lo confirma José Augusto Seabra, tiene su propia cadencia rítmica: "Et la répétition des mêmes mots de vers en vers, n'exerce-t-elle une foncion identique a celle de la rime?".7 Este ritmo se manifiesta con frecuencia por medio de la repetición de palabras y hasta de frases enteras. Sin duda, tal primitivismo anafórico--la estudiada combinación y repetición melódica de acentos y pausas--ejerce la misma función de la rima aunque en un plano más amplio. Octavio Paz hace resaltar esta asociación necesaria entre el ritmo y la poesía moderna cuando observa que:

El ritmo es condición del poema, en tanto que es inesencial para la prosa. ... Dejar al pensamiento en libertad, divagar, es regresar al ritmo; las razones se transforman en correspondencias, los silogismos en analogías y la marcha intelectual en fluir de imágenes. Pero el prosista busca la coherencia y la claridad conceptual. Por eso se resiste a la corriente rítmica que, fatalmente, tiende a manifestarse en imágenes y no conceptos.8

Sin embargo, esa "coherencia y claridad conceptual"del prosista también forman parte del estilo particular del poeta Caeiro: de ahí la calidad analítica de su poesía.

En el poema XIII de O Guardador de Rebanhos, se observa el ritmo intenso de los tres versos iniciales, el cual es provocado por la reiteración de la palabra "leve" y por la combinación de "muito leve" en cada verso. Además de estas insistentes repeticiones, notamos el predominio de vocales átonas "i" y "e" en los tres primeros versos. La alteración abrupta entre estos versos iniciales y los dos últimos se debe a que la organización sintáctica de éstos últimos sea más coherente, aproximándose al encadenamiento lógico que alimenta el discurso narrativo. Apenas se relacionan con los tres primeros versos "átonos" en que el ritmo melódico, ahora invadido por las abruptas tónicas de las voces "não" y "sabê-lo", se deshace ante la marcada disonancia fónica que, a la vez, denuncia una inquietud filosófica:

Leve, leve, muito leve,
Um vento muito leve passa,
E vai-se, sempre muito leve.
E eu não sei o que penso
Nem procuro sabê-lo.

Este cambio de lo lírico a lo prosístico es consecuente con la evolución de la poesía contemporánea, en la cual, en oposición directa a la norma simbolista ("la musique avant toute chose"), son los conceptos en sí los que predominan y no la cadencia musical de los versos. Por lo contrario, estos versos, totalmente desprovistos de la retórica colorida que distinguía la poesía decimonónica, responden a una noción poética en la que se observa el origen de gran parte de la poesía moderna. Sin embargo, hasta en los versos más prosísticos de Caeiro, palpita un ritmo de total simplicidad que refleja su objetivismo visualista.

Al "mestre" le interesa poco la preceptiva poética y, por tanto, declara que "Raras vezes / Há duas árvores iguais, uma ao lado da outra" (XIV). Su verdadero interés reside en la simplicidade divina que descubre el poeta a cada instante: "O que é preciso é ser-se natural e calmo / Na felicidade ou na infelicidade, / Sentir como quem olha" (XXI). Todavía en el poema XIV insiste Caeiro en este principio divino de su mesurada ars poética:

Não me importo com as rimas. Raras vezes
Há duas árvores iguais, uma ao lado da outra.
Penso e escrevo como as flores têm cor
Mas com menos perfeição no meu modo de exprimir-me
Porque me falta a simplicidade divina
De ser todo só o meu exterior.
Olho e comovo-me,
Comovo-me como a água corre quando o chão é inclinado,
E a minha poesia é natural como o levantar-se o vento...

El estilo del "mestre" hace resaltar de una manera natural su idea de la realidad objetiva como única esencia. El lenguaje se adapta a su visión del mundo, un mundo desprovisto de complicaciones fantasiosas. Esta simbiosis entre su pretendida visión imparcial y un reducidísimo repertorio léxico es lo que le proporciona ese estilo lúcido y discursivo que caracteriza su obra. Predominan, por ejemplo, los sustantivos concretos como "flor", "árbol" y "río". Esta "pobreza de vocabulário"9 (aseveración de Jacinto do Prado Coelho) refleja una intención de igualar la palabra (significante) con el fenómeno en si (significado), porque "tudo é como é e assim é que é" (XXIII), nos dice el "mestre", queriendo evitar el símbolismo incoherente de la tradición poética. Para Caeiro, el poeta místico es un filósofo enfermo porque no comprende que "as pedras são só pedras, / E que os rios não são senão rios, / E que as flores são apenas flores" (XXVIII). Por ende, evita la acumulación de adjetivos que encubre la realidad. No obstante, a veces, se vislumbra una inclinación enfermiza ("doente") en Caeiro quien, a la manera de esos poetas místicos que rechaza, se desliza hacia imágenes subjetivas y sentimentales, como "pomba estúpida", "pomba feia" o "olhos quentes". Estos pocos "lapsos" descubren, sin embargo, una intención de búsqueda más íntima, aunque el desvío del "mestre" sea contrario a su visión poética.

Debemos también reparar en el hecho de que el mundo bucólico que Caeiro tan asiduamente idealizó, se convierte en el siglo XX, en un mundo anacrónico. El "mestre", aunque deseara ser apóstol del paganismo, es en resumidas cuentas, víctima de su formación católica y, por lo tanto, condenado al dogmatismo subjetivista-cristiano que impregna toda la heteronimia pessoana. Es por eso que los versos de Caeiro, en su mayor parte exentos de cualquier sentimentalismo, manifiestan una esporádica adjetivación de índole subjetiva, rasgo de la latente sensibilidad ibérica del poeta ortónimo. Le era imposible al "mestre" anular, aun queriéndolo, lo que el propio Pessoa llevaba en la sangre: La indeleble tradición cristiana.

Sin embargo, esta aparente contradicción en el ars poética del "mestre" no niega su sinceridad estética sino que muestra a un Caeiro más humanizado debido a este insignificante contrasentido, un Caeiro menos ficticio que se aproxima a la realidad de todos los hombres. En caso contrario, Alberto Caeiro hubiera sido un mero portavoz de conceptos pessoanos y, por ende, una figura estéril e, irónicamente, controlada por su mismo "discípulo".

La economía de vocabulario en la composición poética intenta extraer de las cosas su realidad. Para Caeiro, tal austeridad es la que produce una poesía sincera y válida, los vocablos en sus versos no son, como observa Octavio Paz "puentes que nos llevan a otra orilla", sino la ¡la otra orilla!, a la manera de pueblos primitivos en cuyos ritos la palabra era realidad: "el signo y el objeto representado eran lo mismo".10 Análoga realidad es lo que consigue el "mestre" en O Guardador de Rebanhos. En cuanto Ricardo Reis, Álvaro de Campos y Pessoa ortónimo (al igual que otros heterónimos) falseaban el contexto real de su existencia, Caeiro, con aquel estado de tranquilidad sublime de los poetas primitivos, descubría la realidad de las cosas; Caeiro poetizaba al pronunciar el nombre del objeto, sin analizarlo ni divagar sobre él. Si se acepta esta premisa, se nos hace mucho más perspicaz el comentario de José Augusto Seabra acerca del lenguaje de Caeiro: "Le secret de Caeiro est de puiser sa poésie dans l'absence de ‘poésie', à travers d'un langage depouillé et direct".11

Una cuidadosa lectura de su obra, comprueba que el verbo "ser" es, de hecho, el más usado por el poeta. Esta preferencia indica su preocupación con el estado inherente y permanente de las cosas. Caeiro emplea el verbo "pensar" de vez en cuando aunque muchas veces lo neutraliza con connotaciones nocivas. En los comentarios de Dieter Messner se nota que algo semejante ocurre con la palabra "metafísica": "Porque se o contexto é respeitado, vemos que a ‘metafísica' só é mencionada tantas vezes para que possa ser completamente refutada".12 El tiempo verbal más utilizado es el presente del indicativo: "Vale mais a pena ver uma coisa sempre pela primeira vez que conhecê-la, / Porque conhecer é como nunca ter visto pela primeira vez," (Poemas Inconjuntos, IV). A Caeiro le gusta negar el tiempo pasado y el futuro, insistiendo en un presente eterno como al que tanta referencia hace. Para él, todo es original e instintivo cuando se encuentra fuera del tiempo cronológico. Salvo en raras excepciones (los cuatros poemas del "doente"), no emplea mucho el subjuntivo, dado que este modo del verbo indica una suposición o irrealidad que no le interesaría reflejar. De hecho, Ricardo Reis atribuye esta particularidad (en O Guardador de Rebanhos y O Pastor Amoroso) a la enfermedad del poeta y a la influencia de la mitilogía cristiana.13

Caeiro quiere exprimir--sin equívocos--la realidad externa de las cosas y por eso prefiere el uso del presente del indicativo, tiempo que, unido al uso frecuente del gerundio, realza la desvalorización cronológica de su universo poético: "Vive, dizes, no presente; / Vive só no presente" (Poemas Inconjuntos, XXVIII). En su estilo, no se observa ese complicado orden verbal que encontramos, por ejemplo, en Ricardo Reis. Todo aquí goza de una sintaxis sencilla con determinantes rasgos de oralidad. La sintaxis poética, aparte de cumplir con el propósito rítmico mencionado, se caracteriza por un enlace fundamentalmente lógico en el cual casi todas las frases se encadenan y subordinan. Jacinto do Prado Coelho compara al "mestre" con el más expresivo de la trilogía heteronímica, Álvaro de Campos: "Ambos dão livre curso ao pensamento interrogando retóricamente, exclamando, recorrendo a giros sintáticos que imprimam vivacidade e ênfase persuasiva à linguagem".14

Sin embargo, Caeiro no utiliza la exclamación con el vigor ni la frecuencia de Campos. El poeta-pastor prefiere comunicar su mensaje claramente, sin el nervioso furor de su frenético discípulo. En sus poemas, de acuerdo a Messner, la interrogación retórica apenas aparece sesenta y ocho veces y la exclamación treinta y dos veces. Es de señalar que el proceso exclamativo en Caeiro parece ser más bien el asombro ante la naturaleza y no el grito existencial, violento e histérico, de Álvaro de Campos, "el más histéricamente histérico en mí", según confiesa Fernando Pessoa en una carta a Adolfo Casais Monteiro.15 Comparemos estos momentos histriónicos de Álvaro de Campos con el candoroso asombro de Caeiro en el poema XXVI de Poemas Inconjuntos:

Ah! querem uma luz melhor que a do Sol!
Querem prados mais verdes do que estes!
Querem flores mais belas do que estas que vejo!
A mim este Sol, estes prados, estas flores contentam-me.
Mas, se acaso me descontentam,
O que quero é um sol mais sol que o Sol,
O que quero é prados mais prados que estes prados,
O que quero é flores mais estas flores que estas flores –
Tudo mais ideal do que é do mesmo modo e da mesma maneira!

Igualmente raras, son la acumulación de metáforas, metonímias y sinestesias de la tradición saudosista. En esto se anticipa a la nueva escuela francesa de belles lettres para la cual el uso repetido del tropo denuncia un limitado y seductor subjetivismo. Alain Robbe-Grillet, estudia la función neutralizadora de esta imagen retórica en su ensayo "nature, humanism, tragédie" al observar que:

La métaphore, qui est censée n'exprimer qu'une comparaison sans arrière-pensée, introduit en fait une communication souterraine, un mouvement de sympathie (ou d'antipathie) qui est sa véritable raison d'être. Car, en tant, que comparaison, elle est presque toujours une comparaison inutile, qui n'apporte rien de nouveau à la description.16

Según el crítico y novelista francés, esta "comunicación secreta" entre el autor y el lector internaliza la naturaleza de las cosas y, al apropiarla, la corrompe de tal forma que sus componentes se antropoformizan, desechando así sus caracteristicas más esenciales. La metáfora, nos advierte Robbe-Grillet, nunca es un tropo sin culpa.

La visión clásica de Caeiro no le permite disimular la realidad de su poesía con estas metáforas artificiosas e inútiles. Lo que logra con su reflejo poético de la realidad, despojado de adjetivos excesivos y comparaciones análogas, es darnos los contornos del fenómeno a ser poetizado, de ahí que sea una poesía universal. Para Pessoa, el error del poeta subjetivista de tradiciones románticas es el de preocuparse exclusivamente en exprimir sentimientos íntimos, criterio ese "que o artista objetivo não aceita, porque a arte objetiva é que é arte, por isso que é uma cousa realizada, que passa para fora do artista e não fica nele, como a emoção que a produz".17 Es más, la exuberancia metafórica de la poesía tradicional, exige una constante reflexión por parte del poeta y tiende a impedir la espontaneidad creadora; Caeiro, a quien tanto le importa sólo ver las cosas--apartándose de irrelevantes sensaciones personales--no puede menos que ofrecer versos sin analogías subjetivas.

Por tanto, lo que predomina es el poder sugestivo de la palabra en que raras veces nos da una comparación explícita; sin embargo, la evocación simbólica de la palabra, en un determinado contexto ideológico, le otorga al "mestre" el poder mágico de la voz poética. Maria da Glória Padrão acierta en señalar que "o fluir hídrico" en la repetición del vocablo "río", por ejemplo, sugiere el tiempo. Tal procedimiento artístico en Caeiro-Pessoa concuerda perfectamente con su obsesivo deseo de reducir todo aquello que es intangible y abstracto "à categoria de objeto: isto quer dizer, à categoria de cousa análoga a qualquer cousa que ocupa o mundo exterior".18

Cuando el "mestre" decide emplear la metáfora explícita intenta establecer una relación tan elemental que el efecto de lo sugerido dependerá de la capacidad imaginativa del lector, siendo ésta la que determinará lo prosístico vis-à-vis lo poético en Caeiro. Su propósito es delinear una impresión, un concepto, una sensación, evitando todo proceso interior que ponga en peligro su intención anti-subjetiva. La conjunción "como"--la cual obviamente patenta que el poeta subraya una comparación de índole metafórica--vincula muchas veces una declaración abstracta-emotiva con otra concreta-explicativa: "E se sente a noite entrada / como uma borboleta pela janela" (I); "fiquei sombrio e adoecido e saturno / como um dia em que todo o dia a trovoada ameaça" (IV). Estas comparaciones, sin embargo, por muy escuetas que aparezcan en el contexto de la anti-poesía de Caeiro, denotan una inquietud velada. Estamos, pues, ante una postura creadora que revela, en estos momentos de tensión poética, una subjetividad acongojada; una poética de la sinceridad que intenta ocultar bajo el manto del sensacionismo objetivo o la negación del enfermo pensar del hombre, la angustiada condición humana. No nos olvidemos, en fin, que Alberto Caeiro es nada más, nada menos que una metáfora de Fernando Pessoa; metáfora en que el poeta-pastor se identifica a si mismo en términos metafóricos: "um pastor de cajado na mão, guardando o seu rebanho. Caeiro é assim, um poeta-metáfora".19

En resumen, el estilo sencillo y fluido de Alberto Caeiro refleja su actitud clásica ante la vida: un mundo libre de las complicaciones mentales del hombre moderno. Su bucolicismo sensorialista, el cual permea casi toda su obra, es una manera de evadir, estéticamente, la realidad mecanizada y angustiada del ambiente urbano. Aunque no se le considere poeta, según la definición "tradicional" de la palabra (él mismo rechazó la idea), el "mestre" vio las cosas con esa objetividad esencial que sólo el auténtico (y primitivo) descubrimiento poético alcanza. El mágico encanto del "mestre", así como su original y depurada postura retórica, residen en la capacidad divina de poder transmitir no sólo su filosofía de vida, sino también su poética: "Aquilo de que não se pode falar, é necessário calá-lo".20

René P. Garay
The City College - Graduate School
The City University of New York


Notas:
1. En carta a Adolfo Casais Monteiro, Fernando Pessoa también se torna discípulo de la ficción-Caeiro cuando confiesa que: "E o que se seguiu foi o aparecimento de alguém em mim, a quem dei desde logo o nome de Alberto Caeiro. Desculpe-me o absurdo da frase: aparecera em mim o meu mestre." En Fernando Pessoa, Páginas de Doutrina Estética (Lisboa: Inquérito, 1946), p. 264.
2. José Barbosa Machado. "Alberto Caeiro: O Guardador de Rebanhos." En Vida e Obra de Fernando Pessoa. CD-ROM (Porto: Porto Editora, 1998). Todos los textos que se citan proceden de esta colección electrónica.
3. Adolfo Casais Monteiro, Estudos Sobre a Poesia de Fernando Pessoa (Rio de Janeiro: Livraria Agir, 1958), pp. 157-58.
4. Le Gardeur de Tropeaux et les Autres Poèmes d'Alberto Caeiro (Paris: Gallimard, 1960), p. 12.
5. "Fernando Pessoa as Anti-Poet: Alberto Caeiro", Bulletin of Hispanic Studies, XLVI (Janeiro, 1969).
6. Pessoa Revisitado: Leitura Estruturante do Drama em Gente (Porto: Inova, 1973), p. 41.
7. "Alberto Caeiro ou le degré zéro de la poésie" Sillages, I (1972), p. 55.
8. El arco y la lira (México: Fondo de Cultura Económica, 1956), p. 68. Pessoa, en un ensayo de estética literaria (1930?), insiste en este mismo elemento fónico: "Poesia e prosa não se distinguem, pois, senão pelo ritmo. O ritmo corresponde, é certo, a um movimento íntimo da alma;" En Fernando Pessoa. Páginas de Estética e de Teoria e Crítica Literarias. George Rudolf Lind y Jacinto do Prado Coelho, eds. (Lisboa: Atica, 1973), p. 76.
9. Diversidade e Unidade em Fernando Pessoa (Lisboa: Verbo, 1969), p. 25.
10. El arco y la lira, p. 27 y 29.
11. "Alberto Caeiro", p. 55.
12. "Algumas observações sobre a estadística lingüística aplicada a Fernando Pessoa" in Revista de Portugal, XXXV (Janeiro, 1970), p. 35.
13. Fernando Pessoa, Páginas Intimas e de Auto-Interpretação (Lisboa: Atica, 1966), p. 355.
14. Diversidade, p. 34.
15. Pessoa. Obra Poética. Miguel Angel Viqueira, ed. (Barcelona: Ediciones 29, 1997), Tomo I, p. 319.
16. Pour un Noveau Roman (Paris: Les Editions de Minuit, 1963), p. 60.
17. Fernando Pessoa: Páginas de Estética, p. 18.
18. Páginas Intimas, p. 179.
19. José Augusto Seabra, Fernando Pessoa ou o Poetodrama (Lisboa: INCM, 1988), p. 158.

20. Ludwig Wittgenstein, Tractatus Logico-Philosophicus. En "Sobre Caeiro e Alguma Filosofia", Pedro Aruaújo Figueiredo. Actas do 10 Congreso Internacional de Estudos Pessoanos (Porto: Brasília Editora, 1978), p. 628.