lunes, 22 de diciembre de 2008

José Abad Ascurra: Absolución de la noche


DEL LIBRO "SIGNOS"
Confidencias

El ojo que te espía esta noche
agazapado tras la puerta
es la muerte:
La gélida mano blanca,
la guadaña cortadora de sueños,
la devoradora de imágenes.

Vedla ahí, sonriendo entre dientes,
fingiendo compasión por tu existencia;
humillándote con su silencio de enigma.
La horrenda muerte que no sospecha
que también a ella
otro ojo la espía.



Hallazgo

En esta impenetrable hora
donde los ojos,
cansados, desobedecen la rutina
de vivir;
en esta desdichada hora
en que recuerdo tu boca
llenándome de sueños que no fueron;
la hora funeral y terrestre
que he temido por siempre;
descubro que mi vida
es una novela
que alguien escribió para olvidar
que también le escribían.



Artificios

Es tarde para intentar dormir:
El sueño está despierto.

Es tarde para empezar el mundo:
Dios ha muerto.

Y el hombre cree que está vivo.



Ángel nocturno

Fantasma del aire.
Constante transformación de cuerpos
en espadas
y de bocas en sangre.
Lenta disolución del pecado
en alas ciegas.

Más allá de todo tiempo
tu luz persiste aferrada a la noche,
muerde la carne blanda de la existencia
que no retienen las campanas.
Otorgas un perverso recreo
a la soledad que te alimenta.

Ángel de la ceguera. Puerta
donde escapar a otra muerte más lenta.

¿A QUÉ JUEGAS?



Fiesta
A Cesarina Vásquez Torres.

Tiene razón la estatua
para seguir durmiendo.
El mundo cansa
y duele entre los ojos
la certeza.

Qué viva el sueño
y la nocturna
caricia de la luna,
que pone en nuestro párpados
polvo y olvido.



Resistencia

Unidos por la constante lucha
de no rozar las piedras que duermen
siglos de violencia y sangre inmóvil.

Atados secretamente por el agua
y su continuo lenguaje.

Sumergidos hasta desaparecer
en una sola carne que desconocemos;
subterráneos,
usando máscaras alegres;
afrontamos el último ritual
que nos permite la muerte.



Proverbios

Ha volado el caballo hacia el vértigo de la tarde.
Los días eran siniestros relojes
adaptados al olvido.
En la calle la muerte controlaba los semáforos,
invadía las casas
con su nombre abominable.

Cada ciudad perece bajo su turbia historia.
El final del hombre es un fracaso patético.
Murieron para siempre
las estatuas en los parques.
¡Cuántas horas postergadas sólo para decepcionarnos!

Sí, todo final es terrible. Juntamos
vileza en las arrugas,
repulsión en la misericordia
de nuestras pérfidas rodillas.
Nos vamos lentamente, como aferrados al aire.
La tierra se encarga de esconder nuestros hedores.

Ha volado el caballo hacia la vertiginosa lascivia.
El placer mata cuando refrenamos su impulso.
No nos vamos del todo. Nos hemos multiplicado
absurdamente
como odiosas raíces en los confines del mundo.

¿Y para qué tanto recelo, tanto murmullo,
tanta oración vespertina?

El deseo abotaga los sentidos
y maldecimos la carne.

Comenzamos antropófagos, políticos,
clericales.
Terminamos oscuros, malolientes,
dispuestos a esperar.



Presagio

Ha llegado el día esperado.
Los objetos tiemblan arrastrados
por una inquietud vibrante.
Despojados de falsos rencores
los cuerpos vuelven a unirse amorfamente
en la sombra.

Es el temor al final lo que nos consume.
Es el temor de saberse profanados
lo que nos alienta a destruirnos.
Por eso siempre estamos dispuestos a beber
del vértigo
el último sorbo de incuria que nos impulse.

Nada. Nada detiene esta sed de aniquilarnos,
esta sumisión a la terrible
voluntad de lo pétreo.
Tal es la asfixia que ciega nuestras manos
que no podemos rebelarnos al presagio.



Formas

Absuelves el día pagano de los muertos,
el soberbio silencio de sus bocas,
el calendario indescifrable de sus sueños blancos.

Todo lo cubres con tu sed mortal
como una ola de fuego.
En ti sucumben las fortalezas
y se derrite el tiempo.

Sólo ríos van ciñéndose a tu forma,
a la apatía de tus noches de donde huyen los fantasmas.
Sordidez y muerte se desarrolla en tu sueño
invulnerable, en tu espejo
donde quedó atrapada la máscara y la risa.

Ya no saldré nunca de tu voluntad irredimible
de construir celdas alrededor de mi celda.

Afuera la luz estricta delimita las sombras,
le da orillas a los sueños.
Vence el perfil turbado de la noche
que tarda en volver.

Tu aliento de metal hiere a cada momento
las ventanas y las puertas.
Tu luz es una epidemia y nada escapa
a su lengua lasciva y sucia.

Hay luna pero los niños no conocen
los secretos de los cuentos.

Continuas formas se disgregan en tu forma.
Laberinto feroz de donde Nadie escapa siempre.

Ni el tedio vence tu salvaje locura de perderte
en la sombra. De sujetarte a los días que no vuelven.

No hay olvido.
No conoce tu lenguaje otro secreto
que la muerte incorruptible de los cuerpos.

Lo demás, es horas transcurridas mirándose en el agua.



Jauría

Hoy me levanté de mi cuerpo
y caminé hasta la orilla.

Abajo,
el abismo resplandecía dulce
y la música era una invitación
al suicidio.

Temí que el tiempo bastardo
aniquilara este momento.

Lejos, en una ciudad de fantasmas
y monstruos
los perros aullaban mi nombre.

Estaba solo.
No había jaula ni colores.
Sólo la noche inmensa
y los perros famélicos
bebiendo mi sangre.



Muralla

Se ha ocultado la palabra en tu garganta.
La silenciosa bastarda.
Ya no sale a trepar los muslos impávidos
del mundo.

Dónde quedó tu risa, tu perdición,
tu santa obscenidad?

Eran palabras, solamente palabras
las que estallaban en las sienes hambrientas.

De qué me acusas hoy,
traidora inmarcesible?
De qué me acusa tu ciega devoción,
a los finales sin memoria?

Ya no eran palabras cuando volviste.
Ya no bastaba nombrar las cosas
para vaciarlas de la inercia.
Estabas tú, esfinge irresoluta,
parada en plena noche,
vigilándome,
odiándome tercamente para saciar tu amor
incontenible.

Estabas tú, amurallada
de palabras y preguntas.



Fuga

Un ruido…
De pronto abrió el mar
toda su puerta.

Apareciste tú,
espuma incoercible.
Desnuda
y con las alas de cuervo
recortadas.

Sólo un día duró tu falsa mansedumbre.

Te crecieron las alas
cuando empezaba a enjaularte.



Revelaciones

I

No inventes otro vuelo.
Estás destinado a arrastrarte en el polvo
y envidiar
las alas de las moscas.


II

Nos espera otra caverna detrás de los párpados.
Despertar es descubrir que no había luz.


III

La incertidumbre fue un largo simulacro
para seguir buscando,
para continuar hurgándonos los ojos
y los sueños.
Nos manipularon burdamente cada instante.
Nunca salimos de la oscuridad del primer reino.



Ritual
A Blanca Varela

Diana agoniza entre las sábanas
donde la araña del sueño teje su memoria.

Mira su cuerpo desnudo en el espejo
y se esconde en la demencia.

¿Qué oscuros rituales desencadenan
los objetos perdidos?
Diana ignora los presagios.

2 comentarios:

Lydia Raquel Pistagnesi dijo...

Estimado amigo: que estas fiestas te encuentren felìz con tus seres queridos y que en el pròximo año,este dificil camino elegido, se transforme en luz y llege a todos los escritores de la tierra
Desde Argentina te saluda

Lydia Raquel Pistagnesi

Grupo Literario SIGNOS dijo...

Muchas gracias Lydia, es un placer contar con tus palabras y tus buenos deseos.

Que los éxitos te sigan sucediendo siempre.

Un gran abrazo desde Perú.

Cromwell Pierre.